Siguiendo con la lectura de los Pliegos de Condiciones técnicas y administrativas para el “concurso” de las licencias de la TDT que se inició en la primera parte de este artículo, hay algunos apartados que, con una u otra redacción suelen aparecen en todos los documentos de esta naturaleza. Por ejemplo, el apartado 1.6 del baremo de la propuesta tecnológica, con 15 puntos, dice: “Plan medioambiental en el que se valorará especialmente la utilización de infraestructuras existentes, siempre que éstas representen una racionalización de recursos y una economía de escala, del operador de infraestructuras”. No se explica en el texto si debe hablarse o no del imaginario efecto de las ondas electromagnéticas emitidas sobre la salud humana, es decir, el tan poco científico y demagógico tratamiento que perpetran algunos políticos al hablar en público, que no en privado, de los CEM generados por las antenas de telefonía móvil, o en su día de los efectos abortivos de las fotocopiadoras, o de las cegueras y cánceres generados por los televisores y monitores de ordenador sin filtros de tela, o los más carpetovetónicos filtros protectores de papel de celofán sobre un bastidor de madera.

Aunque tal vez piensan los redactores de esos pliegos que la TDT sólo atentará presuntamente contra la inteligencia y no contra las neuronas de los televidentes. Tampoco dicen si valorarán que se pinten de verde las antenas, imitando los árboles para tratar de mimetizarse en el paisaje, como ya se hizo en Inglaterra y en algunos estados de USA, por ejemplo. Ni cómo puede influir un licitante en las infraestructuras de otra empresa distinta que actúe de transportista de la señal. Sería algo así como valorar la influencia que pudieran tener los fabricantes de automóviles sobre el diseñador del plan de infraestructuras viarias.

Más pintoresco aún, si cabe, es el apartado 2.1, con otros 25 puntitos en el bombo, que debe contener la propuesta económica. “Programa de inversiones previsto para cada uno de los ejercicios económicos durante el periodo de vigencia de la concesión…”. Y el apartado 2.2, con 35 puntos: “sostenibilidad del Plan de Negocio” (25 puntos) y “Si el licitador concreta la estrategia de financiación” (los 10 puntos restantes). Es de sobra conocido por los que licitan en concursos públicos la imperiosa necesidad de contratar a equipos expertos de economistas y asimilados, especialistas en poner sobre papel lo que el adjudicador quiere leer. Porque si algo debiera resultar evidente en nuestra sociedad occidental es que el licitador no va a revelar a nadie, menos aún a una administración con más filtraciones que los techos de las casas de promoción pública, su auténtico Plan de Negocio ni su estrategia de financiación. Parece que en estos pliegos se olvida que estamos en una economía libre de mercado, sometida a la competencia, (incluso la que se debería exigir a muchos políticos), el derecho al secreto profesional y a otras garantías constitucionales, que los redactores de estos pliegos de condiciones parecen olvidar. Tal vez fruto del exceso uso del ‘cortar y pegar’ y del poco analizar, racionalizar y simplificar. Al fin y a la posre la culpa la va a tener Bill Gates.

En resumen, sobre todo este ‘concurso’, (sigo entrecomillándolo para recordar lo que tienen de tómbola o de técnica ‘digital’), pesa la sombra de la arbitrariedad. Al margen de que cada vez que se ha encargado un plan para determinar cuantas frecuencias o cuantas emisoras cabían en la banda asignada, la realidad se ha encargado de demostrar que era erróneo (siempre han estado emitiendo muchas más de las que se suponía que podían técnicamento hacerlo), soy de la firme opinión que el ‘jurado’ de este concurso debería estar formado por un grupo de profesionales de la especialidad, lo más independientes de los partidos políticos posibles, y no de la propia administración y sus técnicos. Podrían ponerse numerosos ejemplos de cómo los políticos presionan a los técnicos adscritos a sus servicios. Aunque también hay casos en sentido contrario, como parece insinuar algunos aspectos de la llamada ‘trama eólica’.

No obstante, como la técnica y la tecnología no paran, cabe aún la esperanza que la realidad y el día a día de las nuevas ofertas en telecomunicaciones, supere rápidamente esta situación que, en muchos aspectos, atenta directamente contra la libertad de información y permite maliciar que se está asistiendo al parto de una cierta ‘ley mordaza’. Y al igual que los periódicos de papel han sido superados, desbordados diría yo, por los diarios digitales, y éstos por el fenómeno de los ‘blogeros’, el cable e Internet y su mundo, intramundo y submundo harán obsoleto lo que hoy se ofrece como posmodernidad. La imaginación al poder, se decía antaño. Pero, no lo duden, los estrategas de los partidos políticos buscarán artimañas para intentar llevar el agua a su molino. Quiero decir a sus intereses particulares corporativos, no a las ideas políticas del partido, que acostumbran a ser dos cosas distintas y no necesariamente coincidentes. Como dijo Romanones, ¡qué tropa!

Share