Los autores clásicos lo son, precisamente, porque el trasfondo de los asuntos que trataron y también por la forma en que lo hicieron, no han quedado obsoletos a pesar del paso del tiempo. Sentaron cátedra, diríamos hoy, y de ellos podemos seguir aprendiendo, recordando nuestros orígenes, o reafirmando pensamientos, sentimientos y valores que parecen estar grabados en la naturaleza humana de forma casi indeleble. A causa de esa distancia temporal que les da la muerte, los clásicos están a salvo de las pequeñas o grandes miserias de la contemporaneidad, evitándoles el penoso espectáculo de prestarse a competir con autores vivos, aspirante ansiosos a premios literarios o reconocimientos académicos, olvidando que suelen estar casi siempre preconcedidos, o a descalificaciones de pseudo intelectuales del mundo del cine que pierden la vida, y la dignidad, esperando que el despreciado Hollywood los ‘oscarice’.

En economía, o mejor en política económica, un autor clásico es sin duda Friedrich A. Hayek, reconocido en 1974 con el Premio Nobel de Economía y fallecido en 1992. En estos días estoy repasando uno de sus más conocidos libros ‘Camino de servidumbre’, escrito en 1944 y cuya última reimpresión en Alianza Editorial es del año 2005. Y como es un libro clásico, me permito recomendárselo a quien no lo haya leído. Seguro que después lo conservará en un lugar destacado de su librería, siempre que no sea de esos personajes, incluso autodenominados dirigentes empresariales, que compran los libros de pensamiento económico por metros.

En la página 35 de esa reedición citada, Hayek hace una interesante reflexión sobre la supuesta perversidad de los alemanes, recordando ahora que este libro se publicó en 1944, en plena II Guerra Mundial. Escribe el autor: “El problema no está en porqué los alemanes como tales, son perversos, … , sino en determinar las circunstancias que durante los últimos setenta años hicieron posible el crecimiento progresivo y la victoria final de un conjunto de ideas, y las causas de que, a la postre, esta victoria haya encumbrado a los elementos más perversos”.

Conviene también tener presente que la idea fuerza para Hayek, en este libro, es que el socialismo lleva a la servidumbre y que el conjunto de valores que permitieron el nacimiento del comunismo y del nacionalsocialismo fueron los mismos. También conviene precisar que en 1944 la palabra socialismo significaba comunismo. Hoy en día el comunismo está confundido, o muy cerca, de la extrema izquierda. En España tal vez esté representado por IU y que debido a su tradicional desunión genética, sus siglas son traducidas fonéticamente por algunos malévolos como Izquierda Hundida, con Llamazares disparatando, o Izquierda Ungida, la de un Julio Anguita levitando. El socialismo actual es una especie de pensamiento light intermedio entre el comunismo y el liberalismo clásico, intentando competir con el PP y los nacionalismos por ocupar el centro sociológico. Para Hayek, y afortunadamente cada día para muchas personas de bien más, amantes de la democracia y la libertad, “la alternativa de la economía dirigida (comunista y socialista) no es el laissez-faire, sino una estructura racional para el buen funcionamiento de la libre competencia”.

Si en la primera reflexión de Hayek citada aquí se sustituye la palabra ‘alemanes’ por ‘partidos políticos’, se obtiene la interesante y perturbadora pregunta de quién, cómo y porqué se confeccionan las listas electorales y cómo sus dirigentes han secuestrado la auténtica democracia y las ideas básicas de esos mismos partidos políticos. Y ahora que los partidos confeccionan sus listas electorales es cuando se hace tiempo presente el futuro vaticinado por Hayek en aquel pretérito pasado de 1944. Por esto mismo, precisamente, Hayek es un clásico que tiene que reeditar y vender la editorial que pasa por ser el cerebro del socialismo español.

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