No cabe la menor duda de que la televisión es un instrumento de transmisión de consignas muy potente y que, sectariamente utilizada, puede hacernos creer cosas inauditas. Algunas noticias son medias verdades, que pueden llegar a ser enormes mentiras creídas por los no informados a fuerza de repetición, cuando el comunicador las reitera con gran solemnidad. Algunos políticos hablan en televisión como Tartufo en la obra de Moliere, pareciendo que le fuera la vida en ello. Tan conscientes son de ese poder de manipulación de la televisión que los políticos de estas latitudes aún andan a la greña por las adjudicaciones de los canales de la TDT que se avecina. Bien analizado este asunto, parece que el mensaje que nos pueden estar mandando unos y otros es que la adjudicación de las televisiones será hecha con criterios poco ‘técnicos’ y con un fuerte contenido político. Como entre pillos anda el juego, unos quieren adjudicarlos ahora y otros cuando piensan que ellos van a mandar. Y los espectadores como en un partido de ping pong, mirando atónitos a derecha y a izquierda de la mesa de juego, nunca mejor dicho.

Leyendo algunos informes de final de año, me he encontrado uno sobre la construcción naval en España que, reconozco, me sorprendió enormemente. Aún recordaba con tristeza y pesar aquellas imágenes de hace unos meses de los astilleros en crisis, obreros en huelga, Moratinos, Bono y hasta Zapatero corriendo a Venezuela para salvar el sector vendiendo allá unos barcos de guerra, por supuesto para ser dedicados a la paz. Pues resulta que esa impresión de desastre nacional no era del todo ajustada a la realidad, o al menos sólo era una parte de la verdad. Si bien el sector público de construcción naval era, y sigue siendo, un auténtico desbarajuste y una ruina, los astilleros privados españoles continúan en alza permanente, viéndose obligados a rechazar nuevos contratos por no poderlos atender debido a la alta demanda que actualmente tienen.

Como datos para demostrar la anterior afirmación, se detallan unas cifras obtenidas de la memoria de la Gerencia del Sector Naval. La contratación de nuevos buques ha pasado de 327.618 CGT (toneladas brutas de arqueo compensadas) en el año 1994 a 520.130 en el 2005, duplicándose la cifra del año 2005 sobre la de 2004. Se hace notar que se exportará el 82% de la contratación y que predominan buques cargueros y porta contenedores. Ahora bien, la producción en los astilleros públicos, buques entregados a clientes, ha bajado de 337.500 CGT a tan sólo 30.160 en el mismo periodo, mientras que la producción en astilleros privados ha pasado de 173.238 a 217.160 CGT en el mismo intervalo temporal. En suma, lo que puede subir está subiendo y lo que estaba obligado a caer, por falta de productividad, se derrumba estrepitosamente. Han actuado las inevitables fuerzas del mercado y del sentido común.

Con estos datos resulta obvio comprobar que lo que realmente estaba en crisis eran las empresas públicas del sector naval, con unas plantillas sobredimensionadas, una productividad bajísima y unos costes poco competitivos en el mercado internacional. No es casualidad que su principal cliente fuera la armada española, no empresas comerciales que han de tener muy en cuenta la rentabilidad de las inversiones en activos y comprarán sus buques en aquel país donde la relación precio calidad sea la adecuada. Como siempre que hay crisis en un sector económico productivo, se crea un organismo para estudiar y planificar el futuro. Y para eso nace la Gerencia del Sector de la Construcción Naval, (abreviado Gerencia Naval), en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

Una de las actividades importantes de esa Gerencia ha sido impulsar los planes de formación que estimaban necesarios para la mejor profesionalización de los trabajadores del sector. Y así, dicen, han impartido durante el 2005 unos 3.000 cursos a los cuales han asistido 20.000 alumnos y gastados 12 millones de euros del F.S.E. En el periodo 2000-2006 se pretende invertir 72,12 millones de euros en unos 23.000 cursos a unos 92.000 alumnos.

Sin lugar a dudas, el papel es muy sufrido, (sobre todo si es reciclado), y lo aguanta todo. Lo digo porque si el sector en 2005 ocupaba a unos 3.883 trabajadores, entre centros públicos y privados, y las posibilidades de incremento de plantillas son muy limitadas, significa que para cumplir esos objetivos cada trabajador activo ha de acudir a una media de 7 cursos que, deberá repetir unas 23 veces para llegar al objetivo del total de alumnos asistentes. Si se mira la lista de los títulos de los cursos ofertados, el asombro puede llegar a epatarnos y ser peligroso para el corazón. Uno de ellos es el ‘Estudio sobre la distribución de los Ingenieros Navales en los distintos sectores laborales’. Pero, tal vez el curso estrella, según la Memoria de la Gerencia es ‘Ofimática Básica’Cosas que no son lo que parecen, que como cualquier persona sabe, es indispensable para ser un buen soldador o un mecánico en un astillero. ¿Y aún quieren que los tomemos en serio?

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