La noticia ha pasado prácticamente desapercibida en los medios y casi completamente en la blogosfera, pero el caso es que Marruecos ha vuelto a intervenir en el islote de Perejil (Turah o Leila, para los marroquíes) en una incursión similar a la que originó su famosa crisis con España durante el Gobierno de Aznar. En este nueva acción se trataba de detener a cinco “barbudos” (léase islamistas) que presuntamente (“quizá”, según el diario ‘An Nahar el Maghribia’) estaban planeando atentados suicidas no se sabe tampoco muy bien dónde.

Parece que no ha sido más que una intervención de ida y vuelta, a diferencia de la anterior en la que unos pocos militares marroquíes ‘tomaron’ la isla con implantación de bandera incluido. Y, salvo que se haya mantenido en secreto, no ha habido reacción del Gobierno de España.

Lo que va de ayer a hoy.

Nota: Si quieres tener una idea más clara de la situación legal de Perejil y de posibles soluciones pacíficas a esta disputa territorial, te recomiendo el artículo ‘A propósito de la soberanía sobre el islote de Perejil’ (PDF), de Jaume Saura Estapà , del cual te extracto lo siguiente:

“La soberanía sobre Perejil es, en nuestra opinión, dudosa, si bien España, que aparentemente no la reclama, tiene mejores argumentos que Marruecos para sustentarla. Con todo, la eventual solución de la controversia abierta el 11 de julio, si se quiere ir más allá de la vuelta al status quo previo a esa fecha, no debería basarse ni en una política de hechos consumados ni en argumentos alambicados basados en sucesos ocurridos hace varios siglos. Por el contrario, ambas Partes deberían aprovechar la coyuntura y la imperiosa necesidad de reconducir sus maltrechas relaciones bilaterales para iniciar un proceso negociador que, sin poner en tela de jucio el status quo de las demás plazas y peñones españoles en el norte de África, resolviera definitivamente el estatuto del islote de Perejil. Para ello, no hay que limitarse a pensar en la adjudicación de su soberanía a uno u otro Estado, sino que cabría plantear alguna solución más imaginativa, como la del condominio, que permitiría ejercer en común, o alternadamente, los poderes gubernamentales soberanos sobre el territorio11 y que tan buenos resultados ha dado en la isla de los Faisanes, en la desembocadura del Bidasoa, cuya soberanía comparten Francia y España”.

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