Al igual que ha venido ocurriendo con servicios como Digg o Menéame, que comenzaron como servicios dirigidos exclusivamente a la blogosfera y han derivado hacia escaparates para la mayor gloria y audiencia de los grandes medios de comunicación, Technorati emprende también un nuevo rumbo blogodisidente con la puesta en marcha de su contestado Where’s the Fire (WTF), un sistema de envío de noticias similar a los citados al inicio, y en el que también se relega a los blogs a una opción más: “No blog required!”.

Más allá del acierto o desacierto de esta nueva iniciativa (particularmente, creo que este tipo de herramientas no funcionan como apoyo de otros servicios, vean si no el experimento de netscape.com) y de lo ridículo de las siglas (aka ‘What the Fuck’), me preocupa seriamente la causa por la que este tipo de servicios, nacidos y dirigidos a la blogosfera, deciden o se ven abocados en un momento determinado a cambiar o expandir sus propuestas, eliminando o reduciendo el ‘factor blog’.

La primera impresión que uno tiene ante estos movimientos es la de que las bitácoras no suponen un nicho suficiente para servicios que pretenden mover un alto número de usuarios. Da la sensación de que esos 55 millones que registra Technorati en todo el mundo o esos 2 millones que atribuye Telefónica a España (4 millones si contamos los lectores o 7 millones si contamos éstos y los bloggers de MySpace) y la tan cacareada vocación de ‘conversación’ de los blogueros no dieran para mantener una plataforma de esas características.

La alternativa a esta primera impresión es la de que los responsables de estos servicios acaban sucumbiendo a la nada desdeñable tentación de transformarse en objetos de deseo de las grandes corporaciones de la información, lanzándose de lleno a sus brazos con todo lo que eso reporta en reconocimiento, tráfico, estima y financiación.

La primera de las impresiones nos conduciría a revisar seriamente la relevancia de la blogosfera como motor de la comunicación en la Red; o a lo contrario, a plantearnos si esos servicios son realmente útiles para los autores y lectores de blogs. La segunda, a preguntarnos cuándo podremos contar con plataformas rentables exclusivamente ‘blogosféricas’ que impidan la irrupción y, digámoslo también, la manipulación en algunos casos por parte de los grandes medios. Si es que finalmente ese tipo de plataformas es necesario.

Con la primera, llegaríamos a la triste conclusión, parafraseando a Silvio Rodríguez, de que el blog no da de beber. Con la segunda, simplemente, a la certeza de que el blog no da de comer.

Bon appétit, Technorati.

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