Llueve, sigue lloviendo. Son momentos de lluvia, aunque más bien parecen eras geológicas.
Sigue lloviendo. La lluvia lo moja todo, los sueños, los deseos, las lunas, las próximas y las lejanas, los recuerdos, la nostalgia. Tan sólo el azar escurridizo consigue salir de este aguacero medio seco, como si solo hubiese andado por un sirimiri.
El azar tiende a esconderse por cualquier recoveco de cualquier hora, y salir así, al paso, por sorpresa, casi seco, a trastocar los sueños mojados por rotura de tibia; las expectativas de triunfo por un vagón lleno de explosivos; el desanimo y el cansancio por un número premiado de la lotería; el examen aprobado de unas oposiciones por un amor que te hace liarte la manta a la cabeza.
Sigue lloviendo, y tras las horas de lluvia, el azar se mira en el espejo de los deseos humanos, esperando cualquier resquicio para saltar.
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