Acuario marino de arrecife (120 litros)

A veces, menos es más. Hay quien dice que siempre, pero con esa visión radical de las cosas no puedo estar de acuerdo. Este fin de semana he estado prácticamente desconectado de la Red porque he estado atendiendo otra de mis grandes pasiones, la acuariofilia, que en esencia no es una enfermedad, aunque también tiene de mucho de adicción y obsesión.

Lo explico rápido y claro para no alargar el post innecesariamente. Tenía tres acuarios: uno de 300 litros, otro de 120 y uno más de 60. Los tres, marinos, preciosos, sanos y muy vivos. Llevo ya 10 años en esto de los acuarios y la experiencia se ha ido notando. Sin embargo, el mantenimiento de tanto tanque se me estaba haciendo muy cuesta arriba. Especialmente con el de 300 litros, todo un pequeño mar en casa. Una buena sesión de limpieza, cuidado de la química del agua, chequeo de los peces y demás no bajaba ya de las ocho horas semanales. Como quiera que sólo podía atender esta tarea en fin de semana, se podrán imaginar la alegría que suponía dedicarle un domingo entero en exclusiva a tal menester. Si a esto le sumamos mi cada vez más absorbente presencia en Internet, pues directamente casi imposible.

Así que tomé la decisión de desmontar los tres acuarios y volver a montar desde casi cero el de 120 litros. Y eso es lo que he hecho el ‘finde’ para, de paso, reestructurar todo el salón de casa, hasta ahora dominado por esos pedacitos de mar. El resultado me ha dejado plenamente satisfecho. He aprovechado lo mejor de los tres para montar el ‘nuevo’: generosidad y calidad filtradora, mucha mucha roca viva, los peces más bellos y tanquilos… El resultado lo pueden ver en la imagen.

En total, unos 25 kilos de roca, unos 5 centímetros de grava coralina, dos tipos de macroalga verde, una colonia de actinodiscos, una anémona de tubo, una anémona Stichodactyla haddoni, un par de gambitas diminutas, una Cypraea tigris (caracol), tres payasitos (Amphiprion ocellaris), un pez cirujano amarillo (Zebrasoma flavescens), otro azul (Paracanthurus hepatus), un pez ángel Centropyge bicolor y un Nemateleotris magnifica. Como equipo de apoyo, un filtro externo Eheim para 300-600 litros (filtrado biológico), dos filtros de mochila para 150 y 60 litros (filtrado mecánico), un espumador (skimmer) para 300 litros y una powerhead para diversificar las corrientes. Es decir, sobrados en cuanto a filtración.

Por ahora, todo va genial. Todo el mundo parece adaptado y contento (la grava y el agua son del acuario de 300 litros, por lo que el impacto por el cambio ha sido mínimo). Tras dos intensos días de trabajo, creo que el esfuerzo ha valido la pena: el acuario de 120 litros cubre todas mis necesidades y hemos ganado mucho espacio en el salón. El resto de urnas y equipos los pongo a la venta.

Ahora me voy a tomar un merecido descanso. Mañana, más.

Por cierto, ¿por qué no aparecen ‘acuariofilia‘, ‘acuariófilo‘ ni ‘acuarista‘ en el DRAE? Misterios de la Academia.

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