Algo no cuadra en toda esta polémica entre industria-sociedades gestoras y el libre intercambio de música en la Red. Y no cuadra sencillamente porque el principal argumento esgrimido por las primeras, es decir que las descargas en redes P2P y la copia privada están llevando a la ruina a los autores, se contradice año tras año con la nada dura realidad: las ganancias por derechos de autor aumentan vertiginosamente en proporciones que ya quisiera para sí la banca.

Y no es que lo digamos nosotros o sea producto de una teoría conspiratoria que busca minar a las gestoras, ni siquiera una coartada para seguir compartiendo sin cargos de conciencia. Es la propia SGAE la que sin rubor alguno hace públicas esas cifras que rebaten toda su pobre demagogia al respecto:

“Los autores y creadores artísticos disfrutarán de un notable incremento en sus ganancias, según las cifras publicadas por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). En junio recibieron 135 millones de euros por la liquidación de derechos de los seis primeros meses del año, un 49% más que en el mismo periodo del año anterior y una cifra récord en la historia de la SGAE. Los derechos procedentes de las televisiones son el principal origen de este incremento: las cadenas abonaron 79,5 millones de euros, el doble que en la liquidación del primer semestre del año pasado”.


Con estos datos, que suponen una constatación de lo que viene ocurriendo en los últimos años, no cabe más que reafirmarse en nuestra convicción de que el intercambio y la copia privada no sólo no merman las posibilidades de supervivencia de los creadores, sino que las aumentan notablemente. Y esto sólo en lo que respecta a derechos de autor, así que imagínense si le añadimos las ganancias por conciertos, participaciones publilcitarias o ingresos por venta directa de CD o music stores en la Red.

Es de esperar (probablemente mucho esperar) que la clase política tome buena nota de esta tendencia, muy poco susceptible de subjetividad, y corrija de inmediato su posición al respecto y su cansina y plañidera cantinela: la música no se muere, los creadores no se mueren y los usuarios tampoco deben morir en el ejercicio de su derecho fundamental al libre acceso a la cultura.

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