22 de marzo de 2005. La Agencia Española para la Protección de Datos (AEPD) multa al comercial madrileño A.E.A. con 30.001 euros por el envío ‘masivo’ de 13 correos electrónicos con publicidad de su empresa a clientes potenciales. La iniciativa salta a los medios. La comunidad internauta está de fiesta: España copmienza a dar pasos firmes contra el spam.

14 de junio de 2007. La Sección Primera de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional impone una multa de 30.001 euros a la AEPD y la condena a devolverle la misma cantidad a A.E.A, al considerar no procedente la sanción que le fue impuesta en marzo de 2005, ya que estima que los 13 correos enviados contaban con el consentimiento de los receptores. El fallo salta a los medios. La comunidad internauta se frota los ojos: ¿es que en España somos chapuzas hasta en esto?

Feria SIMO 2003. Un comercial madrileño intercambia tarjetas con otros 13 asistentes al encuentro. Poco después les envía un correo informándoles de los productos de su empresa. De los 13, sólo uno responde y de forma airada, conminando al emisor a abstenerse de los envíos so amenaza de querella. Además, quien responde no es la misma persona con la que el emisor había intercambiado tarjetas en la feria. El emisor responde intentando aclarar el malentendido. La respuesta: una multa de 30.0001 euros.

Audiencia Nacional 2007. La Sección Primera de la Sala de lo Contencioso-Administrativo entiende que el simple hecho de que alguien entregue una tarjeta de visita con su correo electrónico, en un marco como la SIMO, descarta posibilidad de spam al existir un consentimiento implícito para recibir información o publicidad de aquél o aquella empresa a la que se la ha facilitado.

Esto, en resumen, es lo que ha ocurrido con una de las medidas pioneras en la lucha contra el spam en España. Además de lo curioso o interesante que pueda resultar el culebrón, supone todo un aviso a navegantes: no dejes tu tarjeta a nadie que pueda hacerte spam. ¿Pero hasta qué punto se puede considerar el envío masivo de correos como una actividad consentida? En este caso, parece claro. 13 envíos, uno a cada destinatario, y punto. Pero si en vez de uno, recibimos 30, 70 o 1.000 de un mismo emisor, ¿el hecho de haberle dejado nuestra tarjeta lo liberaría de una condena por spam?

Yo más bien diría que no. Pero doctores tiene la judicatura…

El aviso me lo ha dado Miguel, quien además realiza una interesante reflexión al respecto:

“Me da la sensación de que el Estado, cada vez que se mete en asuntos que tengan que ver con Internet es como un elefante en una cacharrería. En España, por ejemplo, te puede caer una soberana multa si publicas la IP de alguien (aunque sea dinámica), algo que no sucede en ningún otro lado. La AEPD lo considera casi como poner todos los datos personales de una persona sin su consentimiento. En la web de la AEPD hay un archivo enorme de sentencias y hay algunas que son para mear y no echar gota”.

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