“–¿Cómo definirías a los artistas, entonces?

–Los artistas somos los locos del pueblo. Somos el inconsciente colectivo que se manifiesta a través de un lenguaje plástico. Pero en cierto sentido también podemos ser vistos como unos ladrones. Picasso, por ejemplo, sacó casi toda su obra de ciertos motivos de las vajillas griegas. Aunque esto es más largo de explicar”.

Samy Benmayor es un conocido artista plástico-visual chileno, y me ha llamado la atención esta entrevista publicada en lanacion.cl por el titular y las declaraciones. He decidido conservar el titular (bastante sensacionalista, aunque en rigor no desvirtúa el concepto expuesto por Benmayor, si bien la transcripción literal de sus palabras es, desde luego, más rica en matices) porque muestra perfectamente uno de los pilares de la cultura universal: el conocimiento, las técnicas y las obras se han transmitido siempre de unos a otros a través de la historia, copiando, aprendiendo, compartiendo, ‘robando’… llámenlo ustedes como quieran.

El artista, el buen artista, no es más que un ‘ladrón’ capaz de transformar su ‘botín’ en un tesoro aún más rico y valioso, condenado a ser ‘robado’ a su vez, para ser enriquecido y ‘hurtado’ progresivamente en una espiral de creatividad, goce y conocimiento que se expande y expandirá hasta el infinito. Ser ‘ladrón’ o ‘pirata’ en el arte no es malo, en este sentido natural, casi ‘robinhoodiano’, de las palabras. Lo realmente nocivo es no reconocerlo y, peor aún, erigirse en albacea y guardián celoso de lo aprehendido, cercenando esa preciosa cadena de colaboración que nos ha venido haciendo crecer a todos. Aquel que ‘roba’ y es incapaz de compartir, pretendiendo disfrutar en exclusiva de lo ‘hurtado’, no puede ser considerado, en rigor, ‘ladrón o ‘pirata’. Quizás podríamos dejarlo en ‘ratero’, pero voy a insistir en ello porque no estoy yo ahora como para iniciar otro Google Bomb.

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