Estamos trabajando a tope en canarias7.es en un proyecto apasionante del que pronto podremos ofrecer los primeros resultados. Por eso, mi presencia por aquí está siendo más bien escasa y, sólo cuando el cansancio me lo permite, me entrego como un poseso a la noble tarea de bloggear hasta bien entrada la madrugada. Sin embargo hay dos noticias de peso que se han sucedido durante el día de hoy y que no me gustaría dejar de comentar antes de irme a la cama. Las dos van incluidas en el mismo post porque, aunque en principio no guardan relación directa, lo cierto es que ambas suponen manifestaciones del debate en torno al derecho de autor.

Por un lado, Apple comienza a darse cuenta de que la eliminación del DRM ‘per se’ no significa nada para el usuario (y, por tanto, para el negocio) si éste no es producto de la convicción de que el nuevo mercado no tolera ya restricción alguna, no sólo tecnológica, sino también económica o conceptual. Eliminar el DRM y subir el precio es una burla. El cliente tiene todo el derecho del mundo a recibir un producto libre y a un precio justo. Especialmente cuando decide pagar cuando tiene a su disposición cientos de canales para obtenerlo de forma totalmente grauita.

YouTube, por su parte, pone en marcha su anunciado sistema de detección y, en su caso, eliminación de material protegido. Una herramienta con la que espera contentar a la industria y gestoras de derechos en detrimento del usuario. Con el caso reciente del vídeo de un discapacitado, Google refuerza la idea de que está más preocupado por congraciarse con aquéllas que con quienes realmente soportan y popularizan su servicio que con sus usuarios. ¿Por qué las compañías pueden eliminar contenidos y nosostros, no? Sería interesante que desarrollasen un sistema en que los usuarios también pudieran retirar, por ejemplo, vídeos que considerasen de escasa calidad intelectual, los que supongan spam de las televisiones o discográficas, y también aquellos virales que introduce la industria para mofarse un poco de nosotros y difundir sus marcas a nuestra costa.

Ambos son pasos que denotan lo errático de sus movimientos. Los movimientos de un sector que se resiste a ver la realidad tal cual es. Y la realidad no es otra que la de unos usuarios que tienen, quizá por primera vez en la historia, el poder de decidir en sus manos. Lo bueno de esto es que al menos hay movimiento y estamos convencidos de que, aunque manejen una brújula del siglo pasado, al final acabarán encontrando el Norte. No es imposible. Muchos lo han encontrado ya.

Share