El pasado miércoles, por razones profesionales, tuve la oportunidad de compartir mesa, mantel y tertulia con tres destacados representantes del Plan Avanza, en concreto con David Cierco, director general para el Desarrollo de la Sociedad de la Información del Ministerio de Industria; Juan Manuel Zafra, director de Comunicación de Red.es; y Gustavo Adolfo Medina, jefe de la Unidad de Apoyo de la citada Dirección General. Se encontraban en Gran Canaria con motivo de la inauguración del Espacio Avanza y, cuando se cansaron de hablar de Internet como bien de consumo y oportunidad de negocio, y mis compañeros saciaron su curiosidad sobre el DNI electrónico, la implantación de la banda ancha y bondades o maldades de Internet, creí que había llegado el momento de pasar a la parte dura del debate. Vamos: Lisi, P2P, wifi público y canon, por ejemplo.

Lo primero que me llamó la atención fue la ligereza con la que se trataban algunos asuntos por parte de tan altos cargos de la Administración. Tanto que en algún momento se llegó a meter en un mismo saco las descargas de música y películas con la pornografía, como algunos de los males que ya estaban en declive en la Red. Así que entré a saco:

– Lisi: Comencé pidiendo la valoración del último acuerdo entre los partidos, a excepción del PP, para impedir la censura en la Red, recordando al mismo tiempo que Internet es, más que bien de consumo y oportunidad de negocio, un gran medio de comunicación democrático y un impresionante espacio de libertad. Cierco se lanzó a afirmar que, en ningún momento, se había tomado en consideración algún tipo de censura en la Red (“yo, que soy de un partido de izquierdas”) y que, para los cierres de páginas, ya estaba la Justicia. Aunque, claro, las administraciones tendrían que tener la potestad de cerrar páginas cuando existiese un delito manifiesto o un grave riesgo para el usuario, de igual modo que intervienen cuando, por ejemplo, se tiene constancia de que un medicamentoo atenta contra la salubridad. Le hice caer en la cuenta de que intentos sí los ha habido, y en especial por parte de la SGAE, además de que Internet no es un medicamento (un producto), sino un medio de comunicación que debe regirse por el derecho a la libertad de expresión. Y que, por tanto, la comparación estaba fuera de lugar, porque si no, cabría la posibilidad de que alguna Administración entendiese que una crítica contraria pudiese suponer un grave daño para su salud y la de los usuarios, y ya la tuviésemos liada. Vamos, que en ningún caso, en la vida real, una Administración podría cerrar un periódico. Y que lo mismo ha de regir para la Red. Caras de póker.

– P2P: Planteé mi disconformidad con que se equipararan las descargas P2P con la pornografía o con actividades ilegales o dañinas en la Red; tanto en cuanto, por un lado en España compartir archivos sin ánimo de lucro no es ilegal (no lo digo yo, sino la Fiscalía General del Estado), y por otro, no veía nada malo en que la cultura fluyera libremente, lo cual supone una gran ventaja para el artista. Cierco se arrancó con lo de la protección del creador y yo le pregunté, interrumpiéndolo quizá impetuosamente, si para proteger al creador iban a eliminar a la SGAE y a la industria en peso, que son los que realmente los explotan. Ya ahí creo que se quedó un poco fuera de juego, porque me miró con cara de “¿y éste, de dónde sale?” Entonces le confesé que, además de periodista, era músico y creador, y que la SGAE sólo se había acordado de mí para cobrarme los derechos por un disco autofinanciado. Plan B: “Estamos en un momento muy convulso y es necesario contar con la opinión de todas las partes, creadores y usuarios incluidos, por supuesto”.

– Wifi público: La postura oficial es la de apostar por la implantación de redes wifi “allí donde tenga utilidad”, por ejemplo en universidades o centros culturales. Le pregunté si eso no es restringir tanto el asunto que acaba dando lugar a reacciones comerciales-ciudadanas como la de FON. Me dijo que sí, pero que no entendía para qué quería nadie wifi en plena calle, donde no se podía sentar tranquilamente a navegar y que, al fin y al cabo, todo no podía ser gratis. “¿Y por qué no regalamos ropa?” Yo le dije que me temía que, al final, la ropa se iba a regalar igual, pero que entendía que el principal obstáculo eran las operadoras y que el proceso no había hecho más que comenzar. No hubo réplica a esta opinión.

– Canon: Llegados a este punto, ya las posturas eran mucho menos oficiales y más cercanas al sentido común, pero las evito para no comprometer a nadie. De todas formas, ya es sabida la postura de Industria frente a Cultura en este campo.

En resumen, que creo que quienes participan en la Administración son más sensibles a las demandas de quienes defendemos una Red libre, justa e independiente de lo que pensamos, pero que mantienen unas posturas bien diferenciadas por razones que casi se me escapan (en realidad, no se me escapan, pero ya me entienden) y que, a poco que se rasca un poco la superficie, acaba saliendo ese copyleftero (casi) que todos llevamos dentro:

“Si en el fondo estamos de acuerdo contigo”

No se engañen, la velada fue muy agradable y, aunque Gustavo se pasó la sobremesa intentando convencerme de que descargar archivos era ilegal, me cayeron muy simpáticos los tres. Pero, eso sí, creo que todos acabamos, al menos aquella tarde, llamando a las cosas por sus nombres.

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