“Si hay un síntoma que se le ha pasado por alto a ecologistas y sacerdotes algoristas u algorianos en su diagnóstico sobre el calentamiento global es, sin lugar a dudas, el del cada vez más elevado índice de calentones en el planeta. Cuestión nada baladí, si tenemos en cuenta que el enfado conlleva aumento de la temperatura corporal, exceso de acidez y hasta expulsión incontrolada de gases.

El cambio climático afecta, pues, también al ecosistema neuronal del individuo sapiens, provocando un progresivo y alarmante agujero en la capa de ozono de su sensatez”.

Así comienzo mi artículo de este lunes en ‘Canarias7’. Del calentamiento global a la calentura desaforada, mal que, lejos de parecer controlado, se ha disparado en la última semana. Plan de choque, ya.

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