Después de mi estallido de alegría por una lectura apresurada del texto final de la LISI, y mis posteriores temores ante lo que comenzaba a parecerme un entrincado juego de palabras para mantener la filosofía censora que tanto se había criticado y combatido desde la Red, veo que mis peores expectativas se confirman. Ha tenido que ser un experto en leyes y textos oficiales quien se haya percatado de la trampa y ya están los principales colectivos pro libertad en la Red alertando a la comunidad internauta.

El problema se encuentra en que siguen vigentes en el texto las famosas ‘autoridades competentes’ y los condicionales sobre lo que es y no es la libertad de expresión, si Internet es o no un medio de comunicación. Exigimos un texto claro, transparente y sin ambigüedades. Un texto que se ciña escrupulosamente a la Constitución y deje, de una vez, de lado la sumisión a los intereses de partido y de tres o cuatro lobbies que no se representan más que a sí mismos.

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