Emma Clarke

Si el sentido del humor es un signo de inteligencia, debemos concluir que su ausencia lo es de imbecilidad. Y para corroborarnos esta deducción llega la empresa que gestiona el metro londinense, Transport for London, a la que se le ha ocurrido nada menos que despedir a la locutora que advertía a los viandantes de anuncios y peligros por haber parodiado en su web algunos aspectos de su trabajo. Y aunque la empresa considera incluso “muy divertidas” algunas de sus ocurrencias, no le ha perdonado que en una de ellas admitiera que jamás viajaría en un medio de transporte como ése, al menos teniendo que escuchar constatemente su propia voz.

Oh, qué grave pecado, cuánta desleatad. Estoy convencido de que si la compañía se hubiese decidido a beneficiarse de la creciente popularidad que estas parodias estaban adquiriendo entre la ciudadanía londinense, hubiese logrado uno de los mejores negocios de su vida. Sin embargo, ha optado por el palo y tente tieso. Resultado: mientras la página web de Emma Clarke está caída por la avalancha de visitas, la compañía pierde a una de las voces más sensuales y populares de Inglaterra.

Si el sentido del humor es signo de inteligencia, la capacidad para reírse de uno mismo debe de ser el ‘súmmum’. Emma es la cara y Transport for London, la cruz de esa valiosa moneda que es la sabiduría.

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