
Gibson lanza mañana, en 400 centros de todo el mundo, lo que ha denominado la ‘guitarra robot’, la Gibson Robot, y que no es otra cosa que un modelo Les Paul con acabado Blue Silverburst capaz de afinarse ella sola. Nada más y nada menos. El despliegue tecnológico para conseguir esta ‘minucia’ es impresionante, como no se podía esperar menos de una de las compañías míticas en este terreno:
“El sistema consiste en cinco componentes tecnológicos que son muy ligeros y no afectan al funcionamiento normal del instrumento. El control Knob actúa como control master para todas las funciones al accionarlo, mientras que en su posición normal actúa como un control normal de volumen o tono. A través del Master Control Konb se controlan todas las afinaciones en 11 posiciones diferentes, podemos decir que es el típico botón push-pull. Cada clavija viene equipada con un motor servo especializado que recibe señales enviadas por la CPU del mástil situado detrás de la pala. Mientras las clavijas motorizadas afinan cada una de las cuerdas, estas son controladas por el Puente Controlador de Afinación. El Puente Controlador de Afinación y Cordal Transmisor de Datos y la CPU del mástil trabajan como los comandos centrales de toda la guitarra. La señal de cada cuerda es transmitida desde el Cordal Transmisor de Datos a la CPU del mástil y a las clavijas Powerhead que afinan las cuerdas”.
Ahora bien. ¿Es bueno, recomendable o necesario un sistema de autoafinación en instrumentos musicales? Depende.
Quien haya trabajado en estudio o en directo, en plan aficionado o profesional, sabe muy bien de los apuros y el coñazo que representa la continua desafinación de los instrumentos, especialmente los de cuerda, por cuestiones de variada índole como temperatura, focos, ‘frescura’ de las cuerdas… Y, desde luego, para estos usos parece una opción óptima. De hecho, el proceso de ‘automatización’ de la afinación comenzó hace ya tiempo con el desarrollo de afinadores, primero analógicos y luego digitales, que han hecho cada vez más fácil esta tarea.
Ahora bien, no resulta nada recomendable para aquellos que se inician en el aprendizaje del instrumento, ya que la afinación es una de las piedras angulares para el desarrollo del oído y el conocimiento, la vivencia y la complicidad entre el músico y su herramienta. Desde luego, no lo recomiendo en ningún caso para niños ni aprendices en general. Al menos, hasta que dominen todo el proceso de afinación ‘humano’. Lo contrario sería sucumbir ante una amarga golosina.
Quizá por eso, Gibson la comercializa en una edición limitada cuyo precio desconozco, pero que tiene toda la pinta de ir dirigida a sectores semiprofesionales o profesionales del todo.
Puedes ver unos cuantos vídeos del invento.
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{ 2 comentarios }
Y.. ¿todo eso para una guitarra?, pués para un arpa, o un violín, prefiero no darle al “magín”.
La verdad que es cierto que los instrumentos que más problemas tienen a la hora de “afinar”, son los de cuerda. Y desde luego si hay un padre que compra esto a su hijo, el padre está para que le encierren pero ya.
Si lo bonito de todo, es saberse cómplice, de un instrumento músical. El primero la voz de un ser humano es el primero y más preciado. Si hasta ese cuesta, entonarlo, ¿qué no pasará con un violín? o un ¿piano?, que ese si que como se desafine!! no tiene cuerdas casi..
Un besote, y siempre es buena la tecnología, mientras se sepa utilizar.
Bueno yo como guitarrista (y dueño durante años de una Les Paul Custom ’71) creo que el tema es un avance, pero tampoco una revolución. Eso es utilísimo sólo para los que usan afinaciones alternativas: open G, open E, drop D, etc. Pero los que usamos varias afinaciones distintas (cosa típica del blues, y que el rock heredó a través de Keith Richards) somos una pequeñísima minoría.
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