El iPond de la tortura

‘¿Cool o cruel?’, se preguntan en Neatorama al presentar el iPond, una de las mayores aberraciones que he visto en el sector de los gadgets. Se trata de una pequeña columna amplificadora para el iPod que lleva integrado un pequeño espacio de tortura al que denominan ‘acuario’. Como lo lees. Un diminuto recipiente de apenas 650 mililitros en el que se supone puedes tener un bellísimo pez combatiente para sentirte un poco más elegante o distinguido. En mi condición de amante de los gadgets y acuariófilo (aficionado a los acuarios) no puedo por menos que rechazar el invento y desmentir rotundamente la argumentación de los creadores: “se trata de un pez que apenas necesita espacio y que respira aire tomado de la superficie, con lo cual no hay problemas”. ¡Falso!

Efectivamente, el Betta splendens, también conocido como pez combatiente siamés o betta, es un animal que desarrolla buena parte de su vida en espacios relativamente reducidos y en aguas poco profundas. Es típico, por ejemplo, en los pequeños riachuelos y en las plantaciones de arroz del sureste asiático (Tailandia, Camboya, Laos). Es cierto que poseen, al igual que los miembros del suborden Anabantoidei, un órgano respiratorio adicional que les permite tomar aire fuera del agua e incluso permanecer fuera de ella varias horas sin perecer, algo que, evidentemente, sólo hacen en casos extremos y por obligación. Se trata de uno de los peces más bellos de agua dulce y de los más demandados por los amantes de los acuarios, por su belleza, por su agresividad y por su atractiva faceta reproductora.

Sin embargo, en la naturaleza, un espacio reducido suele suponer unos cuantos litros y, de hecho, si mantenemos uno de estos peces en un acuario de 300 litros (1,5 metros de largo, por ejemplo), no dudarán en recorrerlo completo y escoger distintas zonas para el descanso, pudiendo permanecer en alguna de ellas un tiempo prolongado, pero extendiendo sus aletas y paseando con bastante frecuencia por todo el tanque. Desde luego, no salen a respirar a la superficie a menos que se encuentren en apuros o estén construyendo un nido de burbujas. Se pasan el día en el agua respirando como cualquier otro pez, por sus branquias.

Además de ser el más bello, también es tristemente famoso por ser uno de los más torturados por el hombre. Por un lado, es un animal terriblemente territorial, especialmente el macho, incapaz de convivir con otro de su especie en un mismo territorio de no menos de 50 cm de largo. Por eso, mucho desalmados gustan de poner juntos a dos o más de ellos y ver cómo se despedazan con sus poderosas mandíbulas. Por el otro, la falta de escrúpulos de algunos distribuidores y vendedores, que los mantienen en vasos y aseguran a los clientes no iniciados que pueden tenerlos en espacio diminutos, que no les causarán problemas. No suelen vivir más allá de un par de días. En las propias tiendas suelen verse ejemplares muertos en los recipientes junto a otros que agonizan, y algunos que parecen haberse adaptado.

Los expertos aconsejan no mantenerlos en acuarios de menos de 1 litro. Y yo, por propia experiencia, sé que en menos de 20 litros, ya hablamos de tortura. Así que en 650 mililitros, el pez no sólo sufrirá lo indecible, sino que indefectiblemente morirá al poco tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta las vibraciones añadidas de la columna.

Se trata de una crueldad innecesaria en aras de un lujito imposible. En tecnología no todo vale y mucho menos estas salvajadas.

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