Pura fantasía

Cayó el telón. La mascarada de la de defensa del interés general llegó a su fin con la culminación de un sainete interpretado a la perfección por unos actores atrapados en su propia máscara de presiones e intereses, alejados por completo de la realidad, de la justicia y de la ciudadanía. Lo vendieron como drama cuando en realidad era comedia, y como comediantes no podían traicionar lo que representan. El teatro es ilusión. El Parlamento, espejismo. El Senado, pura fantasía. Los votos son entradas gravadas con el canon de la desvergüenza.

El principio del fin se repite como un eco, pero no sabemos muy bien de qué fin hablamos ahora. Algunos, los más ingenuos, creíamos que era el del abuso, la explotación y la mentira. Para otros parece que es sólo el del lastre en sus cuentas de resultados. Algunos lo tienen claro: el enemigo sigue siendo el usuario.

Cayó el telón sobre las tablas de una maltrecha democracia. No hubo ovación más allá de la SGAE. Pero poco mérito tiene el aplauso del autor, director y guionista de la trama. Dejà vu. Algunos, muchos, no cejaremos en nuestro empeño de futuro, que es siempre mucho más amplio que el mayor de los escenarios. Cultura libre, cultura justa, cultura transparente, cultura democrática y cultura al alcance de todos. Mientras tanto, seguiremos soñando con tragedias y comedias que nos endulcen la batalla.

A día de hoy, una vez más: señores políticos, presuntos defensores del interés general, muchas gracias por nada.

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