Literalmente:

“Una asociación de derechos humanos ha solicitado al rey Abdullah de Arabia Saudí que pare la ejecución de una mujer acusada de brujería y de prácticas sobrenaturales”.


Como la Inquisición, pero en pleno siglo XXI:

“La asociación ha declarado que la policía religiosa del reino, que detuvo e interrogó Fawza Falih, y los jueces que la juzgaron en la ciudad del norte de Quraiyat nunca le dieron la oportunidad de demostrar su inocencia ante “los absurdos cargos que no tienen ninguna base legal”.

El caso de Falih subraya los defectos del sistema jurídico islámico, en el que los criterios que se aplican a las reglas son inestables, los abogados no siempre se personan en los juicios y las sentencias, a menudo, dependen del capricho de los jueces.

Las víctimas más frecuentes son mujeres, que sufren restricciones severas contra en su vida diaria: no pueden conducir, presentarse ante un juez sin un hombre que la represente o viajar al extranjero sin el permiso de un guarda masculino.

La brujería es considerada una ofensa contra el Islam en este reino conservador”.

Como bien se comenta en J-Walk, resulta curioso ver cómo en el mundo occidental las brujas pueden protagonizar películas y series, o directamente tener su propio programa de televisión con miles de clientes, y en otras latitudes son carne de ‘hoguera’.

Fuente: Associated Press

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