Primer debate Zapatero-Rajoy

Al igual que las eliminatorias de fútbol, los debates a dos encuentros siempre duran más, mucho más de 90 minutos. A falta de un balón y una red que determine con cierta claridad hacia dónde se inclina la contienda, periodistas y ciudadanos echan mano de su filias y sus fobias para dar satisfacción a ese ímpetu irracional que los obliga a señalar un ganador, o mejor aún un perdedor, porque de esa forma, entienden, tendrán media convocatoria electoral ganada. Para los socialistas, ha ganado Zapatero. Para los conservadores, Rajoy. El resto, no se sabe, por mucho que las encuestas a pie de redacción intenten inclinar de uno u otro lado la balanza.

El ganador de la pugna dialéctica no se sabrá, si se sabe, hasta el debate del próximo lunes. Quizás los únicos conscientes de esta realidad sean los propios contendientes y los equipos que los rodean. Nadie en su sano juicio pone toda la carne en el asador en un primer choque a sabiendas de que habrá un segundo, dejándole al rival el camino expedito para transformar sus virtudes en errores, rehacerse de los golpes recibidos y machacar a un rival embriagado por el éxito puntual y sin mejores argumentos que los utilizados en el primer embate. Como mucho, intentarán dejar las cosas lo mejor posible para el segundo ‘round’, así sea para partir con una mínima ventaja.

El debate de hoy no ha estado mal, pero no ha sido más que un tanteo entre dos que aspiran a la Champions. Rajoy ha amagado con el populismo y la agresividad que tanto se le demandaba desde sus filas; y Zapatero ha probado a ver cuánto de vigencia tienen sus datos y sus talante. Allí donde Rajoy intentó avanzar por la banda de las soflamas populistas, epecialmente en el campo de la economía, se encontró al rocoso lateral de las cifras y las estadísticas. Cuando Zapatero intentó contraatacar con la deslealtad de la oposición, se topó con un central armado de terrorismos y denuncia de contradicciones. Cuando Rajoy cantaba gol al lanzar el penalti de la inmigración, Zapatero ejecutaba la palomita de los grandes avances sociales. Y en el momento en el que Zp se aprestaba a rematar a puerta vacía el balón de las deslealtades del PP, caía una y otra vez en el fuera de juego del 11M, de Bush y de Aznar, con el retorno al pasado, una y otra vez.

En general, dos fases muy bien diferentes. Una, primera, en la que un Zapatero bien armado y con un discurso sólido en lo político, desarmaba una y otra vez a su rival. Y una segunda en la que la falta de asunción de errores graves como la política migratoria o el terrorismo, recurriendo una y otra vez a gobiernos anteriores, dieron alas a un Rajoy que supo aprovechar bastante bien la brecha.

Empate técnico. Como en la encuesta del CIS. Y quien quiera buscar vencedores, que aguante una semana. Entonces ambos habrán aprendido de los aciertos y errores de la ida. Y más aún, serán plenamente conscientes de que, después de la vuelta, ya no tendrán otra oportunidad.

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