Comentábamos el otro día la reprimenda judicial de la que fueron objeto los abogados de la RIAA que tuvieron a bien denunciar a un indigente supuestamente por compartir obras sujetas a copyright. Pues bien, hoy nos enteramos de otra lindeza de estos talibán de los derechos de autor, que se están cavando su propia fosa solitos y sin que nadie los apremie. GurusBlog traduce un artículo de Business Week en el que se da cuenta del ‘caso RIAA contra Tanya Andersen’, una ama de casa de 45 años de edad, con hijos y pensión por discapacidad.

Se la acusaba, como es habitual en estos casos, de descargarse archivos de la Red (hay que recordar que en EEUU sí es delito). Los abogados la llamaron y le dijeron que, o llegaban a un acuerdo, o la denunciarían ya que tenían pruebas de que desde la IP de su ordenador se habían producido descargas. Tan claro tenía Tanya que nones que acudió a juicio e instó a los de la RIAA a probar lo que decían que tenían más que comprobado. Pero, ¡oh!, no pudieron y fueron condenados a pagar las costas del juicio, nada menos que 300.000 dólares.

Pero la cosa no queda aquí. Tanya, cada vez más indignada con estos piratas antipiratería, decide dar un paso más y pasar de cazada a cazadora, emprendiendo una demanda contra la propia RIAA y su séquito (SSC, MediaSentry, Warner Music Group, EMI Group, Sony BMG Music Entertainment, y Universal Music). Sus abogados están convencidos de que las IP recopiladas por la RIAA son erróneas y que pueden haber afectado a unas 8.000 personas que podrían seguir los pasos de nuestra protagonista: una denuncia por conspiración, negligencia y abuso en proceso judicial y solicitando 5 millones de dólares de compensación.

En el circo del copyright, los dueños son los enanos.

Vía: BandaAncha

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