Lecciones de i-Cities

Si para algo han servido las jornadas i-Cities es para bajarle a uno los humos blogueros. Creo que expresamente a eso vinieron al menos tres de los moderadores y alguien más: Chiqui, Rosa, Óscar y Paula, por ejemplo. Primero restregándome por la cara que si no estaba sobrevalorado no era nadie en la blogosfera. Y luego, que si no tenía cuenta en mi honor en Twitter con un señor con nariz de payaso, no merecía ni el calificativo de blogger.

Lo que no esperaba es que alguien tan cercano como mi propia compañera entrara a formar parte de esta pérfida alianza. Y sí, justo cuando comenzaba a recuperar la autoestima, va y me manda esta foto en la que se confirman todos los mensajes con que he sido bombardeado el fin de semana. La imagen es ya un poco antigua, y en ella aparece nada menos que Sonia Blanco. ¿Sonia… tú también?

Alguien me dijo alguna vez que acudir a un congreso o unas jornadas era el principio del fin de cualquier blogger. Pero tampoco esperaba que fuera así de inmediato y brutal.

En fin, me voy a la cama a ver si al despertar descubro que todo ha sido un mal sueño. Y, además, qué diantres, siempre nos quedará Facebook.

No somos nada

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