Quo vadis, Internet?

Muy interesante la iniciativa de The Pirate Bay para proteger la Red de la ofensiva reaccionaria que se avecina. La clase política parece haber sucumbido definitivamente a los intereses particulares y ya prepara sin rubor alguno el asalto a algunos de los derechos de los que gozamos los internautas, es decir la ciudadanía con acceso a Internet, en todo el mundo, con Europa postulándose como una fiera aún más agresiva que la mismísima EEUU, que ya es decir.

Ya sea en lo que concierne al P2P o la neutralidad en la Red, el anonimato o la libertad de expresión, las cartas están echadas: los principales partidos están por la labor de intervenir directamente para poner coto a una herramienta que aún siguen sin entender y que ven como la amenaza que no es. Los tuertos se vuelven ciegos voluntariamente y amenazan con soltar bastonazos a diestro y siniestro, con grave riesgo, incluso, para su propia integridad.

Si el otro día contemplábamos con indignación la intentona de registrar a los bloggers o la expansión del ‘ideario Sarkozy’, ahora es el propio Gobierno español el que data el fin de Internet tal y como la conocemos, comprometiéndose a ponerle “fecha de caducidad al P2P: primer semestre de 2010“. ¿Qué significa esto?: “La lucha contra los atentados a la propiedad intelectual que tienen lugar en el entorno digital”, contando para ello con la colaboración de las operadoras de comunicaciones electrónicas y prestadores de servicios de acceso a Internet (ISP), que deberaán colaborar “con las entidades de gestión de derechos de autor”. La idea: convertir en negocio lo que ahora mismo es un derecho en la práctica de todo ciudadano: la copia privada y su difusión sin ánimo de lucro a través de la Red.

La ofensiva no es tibia ni puntual, como las famosas campañas antipiratería a las que estamos acostumbrados: en ella estarán involucrados “el Ministerio de Cultura, Justicia, la Agencia Estatal de la Administración Tributaria, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la Fiscalía General, las entidades de gestión de derechos (entre ellas SGAE) y la Federación Española de Municipios y Provincias”. El objetivo: una acción coordinada en la que no existan flecos ni contradicciones con la doctrina oficial de la industria y las sociedades de gestión, tal y como resulta ahora mismo la no consideración del P2P como delito por parte de la Fiscalía General del Estado. Ni siquiera se ha contado con la opinión de las asociaciones de internautas o ciudadanos. ¿Para qué, si son el enemigo común?

La propuesta de The Pirate Bay puede parecer un tanto sci-fi, pero no es del todo imposible: encriptar toda Internet para ponerle muy difícil a los censores su cruzada contra la democracia, el sentido común, la libertad y el interés general. La tecnología existe, se llama Transparent End-to-End Encryption for the Internets (IPETEE) y se encuentra en desarrollo. Pero hay otras muchas armas que los usuarios podemos utilizar para mostrarles a los tuertos el camino antes de que se pierdan en la ceguera de la estupidez y la ambición desmedida.

Si lo que se plantea es una guerra, a la guerra habrá que acudir con todas las armas legales a nuestro alcance. Nadie te puede obligar a sostener a aquellos que pretenden perseguirte y criminalizarte. Nadie puede obligarte a besar la mano de quien te golpea.

Y todo por un empecinamiento irracional en sostener un modelo de mercado caduco que tiene precisamente en Internet y en las nuevas tecnologías su tabla de salvación. Estamos convencidos de que elementos como el P2P, el copyleft o plataformas tipo YouTube no sólo no atentan contra la supervivencia de los creadores y de la industria, sino que ambos son perfectamente conciliables en el nuevo entorno digital. La clave: olvidarse de ponerle puertas al campo y canalizar con ideas e imaginación las enormes potencialidades de los nuevos formatos y las nuevas sensibilidades.

Vulnerar derechos hasta ahora fundamentales para satisfacer las demandas de lobbies caducos es una torpeza de proporciones siderales, propia de estructuras dictatoriales en las que la corrupción y el compadreo político-económico no precisa de antifaz ni está sujeto al control de la sociedad. Oponerse al futuro es, sencillamente, inútil y suicida.

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