Los enfrentamientos entre los ministerios de Industria y Cultura son ya todo un clásico de los gobiernos de Zapatero. Sucedió en la anterior legislatura a cuenta del canon digital, y se repite ahora en lo que a P2P se refiere. Bicefalia, que diríamos, porque es de suponer que un gobierno debe tener una postura clara frente a los problemas más candentes de la sociedad que rige, o cuanto menos, si las hay dispares, que sean lo más cercanas posibles y se lleven mayormente en la intimidad hasta que se pueda ofrecer a la ciudadanía una posición consecuente.

Pero no es el caso, el ministro Miguel Sebastián (Industria) replica ahora a César Antonio Molina (Cultura) que eso de andar jugando con las cosas de Internet, ni de broma:

“No aplicaremos restricción ni regulación alguna que impida la expansión o desincentive el uso de Internet ni estableceremos límites a las herramientas de libre circulación de información”, dijo el ministro. “Esa libertad ha sido y es la clave de la red de redes, de su crecimiento y de su popularidad”, agregó”.

Sebastián sale así al paso de una de las declaraciones más tristes que hayamos tenido que soportar los internautas españoles desde aquellas de Teddy Bautista en las que nos calificaba de ‘pendejos electrónicos‘. En esas declaraciones, en formato de comunicado, se aseguraba que España volcaría todos sus esfuerzos en eliminar la ‘piratería’, así tuviera que extender el ‘modelo Sarkozy‘ por toda Europa.

Nos alegramos sobremanera por este paso adelante del ministro de las industrias, pero nos mosqueamos bastante también, primero porque el comunicado inicial de lucha contra el P2p estaba firmado por ambos ministros (según recoge la noticia ‘Público’) y, segundo, porque casi se diría que asistimos a una escenificación de cara a la galería de un enfrentamiento que, en realidad, no existe (son muy raros estos enfrentamientos sobre asuntos sensibles entre altos cargos de partidos en el poder, más allá de los asuntos de corbatas), pero que bien podrían mantener entretenida y despistada a la audiencia hasta que se dé el golpe definitivo. Ya vimos cómo, en el caso del canon mencionado anteriormente, al final se impuso la versión del mercado audiovisual, con enfrentamiento entre Industria y Cultura o sin él.

Sea cual sea la naturaleza de este presunto disenso, nuestra respuesta sigue siendo la misma: No a cambios en el marco jurídico que penalicen la copia privada y el intercambio de cultura. No a políticas que atenten contra nuestros derechos en favor de intereses particulares. No a la cruzada contra las libertades en la Red. El P2P no destruye ni la cultura ni el entramado económico que lo sustenta. Sí al cambio de modelo de mercado. Sí a un modelo de relación justa entre creadores y consumidores.

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