Censura

Llevo días dándole vueltas a la norma del Comité Olímpico Internacional (COI) que prohíbe a los atletas que compiten en las Olimpiadas expresarse libremente a través de un blog. Me parece una norma tan reaccionaria, atentatoria contra derechos fundamentales y contrarias al ‘espíritu olímpico’ que no entiendo ni cómo ha llegado a tomar forma ni cómo se mantiene sin que nadie sea capaz de denunciarla, por ejemplo, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Ahora leo en Bitacoras.com que, finalmente, el COI ha decidido permitir bloggear a los atletas, pero con unas restricciones dignas de un cuerpo militar del medievo o de la peor de las dictaduras:

“No se pueden hacer entrevistas con un acreditado ni escribir una historia sobre él. Están prohibidos los sonidos, los videos o las fotografías de todos los espacios reservados para acreditados. Y una imagen personal sólo está permitida cuando no está relacionada con una competición olímpica, las ceremonias de apertura y clausura o una entrega de medallas”.

El tema me afecta personal y profesionalmente porque en Canarias7.es hemos lanzado, a propuesta suya, el blog de Thaïs Henríquez, medallista, campeona y componente del equipo nacional de natación sincronizada, y esperamos poner en marcha en breve alguno más.

Desde un primer momento advertimos a los deportistas de los planteamientos del COI, pues los menos que queremos es que su colaboración con el periódico provoque una sanción o descalificación. Pero ellos siempre han mantenido una postura valiente y decidida que nos ha animado a seguir adelante.

Pero, volviendo al tema central, ¿es de recibo que ningún organismo pueda coartar la libertad de expresión de aquellos que dependen de él, en terrenos que no afectan al secreto institucional o empresarial? No desde luego en una sociedad democrática, no en un mundo que apuesta por la libertad, no en pleno siglo XXI.

Hace unos días criticaba la celebración de los Juegos en un país que despreciaba la libertad y los derechos fundamentales, y argumentaba que eso era contrario al espíritu mismo de las Olimpiadas. Recapitulando, he llegado a la conclusión de que, visto lo visto, China se presenta como el perfecto anfitrión para un COI anclado en la intransigencia. Un COI que teme a la diversidad, la pluralidad y a la propia voz de aquellos a los que representa. Un COI que pide a gritos, al igual que China, la intervención de la comunidad internacional. Un COI que, al igual que el anfitrión de esta nueva cita, cree que la sociedad del nuevo milenio sigue mirando para otro lado, soportando y tragándose sus cuentos chinos.

Share