Cultura libre

Las cartas están echadas. Tras años en los que la confrontación entre cultura libre y fundamentalistas del copyright parecía sólo la materialización de una diferencia de conceptos en torno a los derechos de autor o, a lo sumo, un enfrentamiento entre el interés general de los ciudadanos y el particular de un modelo caduco de mercado, ahora el problema comienza a emerger en toda su verdadera expresión: la lucha contra el derecho a una cultura libre no es más que la expresión de un nuevo tipo de fascismo que se viene instalando, soterradamente desde hace unos años, en buena parte de los gobiernos de países supuestamente democráticos.

El primer paso lo dio, como ya advertimos en su momento, el mediático Sarkozy con su plan para prohibir el acceso a Internet a aquellos que frecuentaran las redes P2P. El siguiente lo ha dado el ‘duce’ Berlusconi, impidiendo el acceso desde su país a The Pirate Bay. El próximo puede ser Zapatero, Rajoy o quien ostente la presidencia de turno del Estado español, a tenor de la empatía dominante entre los principales partidos españoles y los lobbys que manejan los hilos de la cultura mercantilista en nuestro país.

No hay ni un sólo argumento político o cultural que sirva para condenar el libre acceso del ciudadano a la cultura en un modelo compatible con el sostenimiento económico del creador. Y no lo hay porque es un derecho fundamental del ser humano, recogido en las principales constituciones, cartas y manifiestos progresistas del planeta. Y no lo hay porque las nuevas tecnologías dibujan un nuevo escenario en el que esos derechos, el del ciudadano al acceso a la cultura y al del creador de ver recompensado su trabajo, están plenamente garantizados:

“Constitución Española. Artículo 44.

1. Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.

2. Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general”.

Todo lo demás son mentiras y floods destinados a emponzoñar la conciencia de los ciudadanos en aras de un beneficio económico particular. Las campañas de ‘mentalización’ han fracasado. Y, como ocurre siempre con el capital más recalcitrante, es ahora el turno de la ‘lucha armada’, de echar mano de esa reserva agresiva y represora que es el fascismo: es la hora de Sarkozy, Berlusconi y… de los que están por llegar.

Es, pues, la hora de establecer una línea divisoria entre los que están por los derechos ciudadanos, incluida la cultura libre, y los que están con el fascismo. Elige ahora… mientras aún puedes hacerlo.

Más información:

Enrique Dans
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