“Jamás en los Juegos Olímpicos, ningún mortal, ningún ser viviente, ha podido colgarse la cifra de ocho medallas doradas. Únicamente lo logró Michael Phelps en los Olímpicos de Múnich, en el año 1972, allá en la Alemania de Hitler, donde ni siquiera él mismo quiso darle las medallas en aquel entonces…”


No sé qué fuman, comen o beben algunos comentaristas deportivos estos días en Pekín, pero lo cierto es que no debe de ser muy bueno para la cabeza. Podríamos pasarnos un rato analizando el texto y el contenido, y tratar de encontrar alguna ráfaga de coherencia en todo el fragmento, pero creo que bastará con descender a la Tierra:

  1. Nadie se cuelga una cifra, directamente se cuelga las medallas, por muy ser ‘viviente’ que sea.
  2. Michael Phelps tiene 23 años, nació en 1985. Por tanto, es bastante díficil que estuviera ni en los Juegos de Munich ni en los que presidió Hitler.
  3. Los Juegos de Múnich se celebraron, efectivamente, en 1972, pero Hitler (que sepamos) no estuvo por allí. De hecho, la mayoría de los historiadores coinciden en que murió en 1945.
  4. Vamos, que uno no había nacido y el otro llevaba fiambre casi 30 años ya.
  5. Donde sí estuvo Hitler fue en los Juegos Olímpicos de Berlín (Alemania), en 1936, más que nada porque aún estaba vivo, se celebraban en su país y él era el que mandaba.
  6. No hay constancia ni es probable, por tanto, que Hitler se negara a entregarle las medallas a Phelps. Tampoco hay datos que dirijan a una faceta espiritista del mejor nadador de todos los tiempos. Lo que sí se cuenta es que el dictador rehusó dar la mano a Jesse Owens, el atleta más popular de los Juegos de Berlín que era, para humillación de Hitler y del nazismo, de raza negra.

El periodista ‘historiador’ se hace llamar Willie Oviedo, del canal venezolano TVES, aunque, visto lo visto, entenderán que tampoco nos atrevamos a dar este dato por bueno.

(Gracias, Xavi).

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