Google lidera un proyecto que busca poner en órbita 16 satélites que darán cobertura a tres mil millones de personas en África y otros mercados emergentes que actualmente carecen de conexión a Internet. El proyecto, que cuenta como principales inversores además de Google, a John Malone, magnate de la televisión por cable, y el banco HSBC, está presupuestado en unos 750 millones de dólares (unos 537 millones de euros), si bien este grupo de inversionistas sólo aporta por ahora unos 65 millones en conjunto.

El proyecto debe ser valorado en una doble vertiente. Por un lado, la evidencia de que se trata de una estrategia comercial que busca ampliar la clientela de forma brutal, dotando a esas miles de millones de personas de las herramientas que les permitirán acceder a los productos de aquellos que explotan y rentabilizan la globalización.

Y por el otro, el enorme valor social, político y comunicativo que supone la incorporación de ese impresionante caudal humano a la Red, con todo el beneficio que esto conlleva, así sea como efecto ‘colateral’ de la iniciativa económica.

El proyecto, denominado O3b, culminaría, en principio, en el año 2010, lo que da una idea de la urgencia que han imprimido los promotres a la propuesta. En un par de años, 3.000 millones, como mínimo, de internautas más, en toda su extensión y con todas sus consecuencias. Una constación más de que el capitalismo no puede escapar de las leyes de la dialéctica.

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