McDonald's y las guerras

Los países que cuenten con McDonald’s jamás entrarán en guerra los unos con los otros”.

(Thomas Friedman, 1996)

El periodista Thomas Friedman tendrá, a buen seguro, muchas virtudes, pero entre ellas no se encuentran, desde luego, las de analista político o de conflictos bélicos, sociólogo o, ya puestos, vidente. Su célebre sentencia se basa en el siguiente ‘razonamiento’:

Si el nivel de vida de la clase media de dos países ha alcanzado tal grado que pueden mantener uno o varios restautantes McDonald’s, entonces las posibilidades de que vayan a la guerra el uno contra el otro es escasa”.


Esto significaría, en la práctica, que bastaría con llenar de McDonald’s el mundo entero para que la guerra fuese un triste recuerdo del pasado, tomando como base que dos países más o menos ‘ricos’ jamás entrarían en conflicto armado (“A la gente no le gusta la guerra, lo que le gusta es hacer cola para comprar una hamburguesa”).

No dudamos en absoluto que la gente prefiera un McMenú (o una paella) a un bombardeo pero, a la vista de la cruda realidad, no parece que la afirmación de Friedman tenga mucho sentido ni que su teoría sea tan evidente… o igual es que los que deciden si se va a la batalla o no jamás han pisado un McDonald’s. Porque, claro, nunca han sido las clases media o ‘baja’ de un país las que han firmado una declaración de guerra:

2008 – Guerra de Osetia del Sur entre Rusia y Georgia.
1999 – Bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia.
1999 – Guerra de Kargil entre India y Pakistán.
1989 – Invasión de Panamá por parte de EEUU.
Desde 1973 – Conflicto entre Israel y Líbano.

por citar sólo de las que tiene constancia la Wikipedia.

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