(Texto de presentación del libro ‘Islas en la Red‘ de Daniel Bellón, leído en el Club Prensa Canaria el 29 de octubre de 2008).

A Daniel Bellón lo conocí en persona un 12 de febrero de 2005, cuando un puñado de apenas cinco ‘locos’ nos dimos cita en El Herreño para celebrar el I Blogs & Gofio (nombre con que designamos a las reuniones de bloggers -autores de blogs- en las islas), inaugurando de forma digamos cuasioficial la blogosfera canaria, o gofiosfera, como quedó luego acuñada para la posteridad.

Por aquel tiempo éramos muy pocos los bloggers que nos conocíamos cara a cara, pero la práctica mayoría nos conocíamos ya de lo que nos ocupaba, es decir los blogs, de tal modo que no resultó difícil iniciar una interesante tertulia sobre experiencias, afanes, metodologías, proyectos y formas de entender ese nuevo medio que se abría paso con fuerza en Internet.

Daniel, que llegó armado de su libro ‘Tatuajes’ (PDF), en formato de regalo para los presentes, se destapó como lo que luego siempre he visto en él: un poeta, un pensador, un blogger y un ciberactivista. Cualidades éstas que si, ya por separado, resultaban suficientes para llamar mi atención, juntas abrían excelentes posibilidades para la admiración personal y una buena y fecunda amistad.

Y son esas cualidades precisamente las que he visto vertidas, amasadas y armonizadas en esta criatura que acaba de ver la luz en el hospital materno editorial 1.0, clásico, tradicional, de papel. Porque ‘Islas en la Red’ es, como veremos, algo más que la traslación de una serie de posts de la Web a la imprenta; ‘Islas en la Red’ es, en mi opinión, un texto indispensable para entender el papel de las artes, y de la poesía en particular, en esta era convulsa, pero apasionante de las nuevas tecnologías, en este siglo de la comunicación abierta, libre, social, democrática, creativa y sin apenas barreras.

He querido titular esta pequeña presentación ‘De repente, el futuro’, a sabiendas de que no resulta en exceso original, pero que define a la perfección la idea que el autor ha querido transmitirnos en este manual-ensayo fruto de su condición de poeta comprometido con la poesía y de blogger implicado en los principales procesos que van definiendo la Red. O quizás deberíamos decir, de poeta comprometido con la Red y blogger implicado en la poesía. O quizás sólo debamos decir poeta, en toda la extensión de esa palabra.

Porque, ¿qué es el poeta sino “la primera montaña que divisa la aurora, la campana que toca la canción de la hora, el primer corazón que lastima la guerra”, ése que, a decir de Agustín Millares, debe estar colocado siempre en vanguardia; o en opinión de Juan Ramón Jiménez, ejercer el rol más que de filósofo, de clarividente? Es decir, un ser inquieto, innovador, curioso, que sabe aprovechar cualquier elemento, cualquier herramienta a su alcance para recrear la realidad y reconvertirla, descomponerla en sus infinitos elementos y volverla a ensamblar de tal forma que después de él ya nunca sea la misma.

Y el futuro está aquí. En realidad no ha llegado tan de repente como muchos piensan, pero sí quizá demasiado para aquellos que se niegan a aceptarlo e involucrarse, o simplemente no saben cómo o de qué manera subirse a ese extraño carro repleto de códigos indescifrables y luces turbadoras.

Precisamente a todo esto viene a dar respuesta Daniel en su libro. Echando mano de esa cuádruple condición de poeta, pensador, blogger y activista, el autor regresa del futuro (la impresión en papel de una obra digital no es aquí una mera metáfora) para tirar de los suyos hacia la tierra prometida, o al menos hacia esa tierra en la que él y muchos, millones ya en todo el planeta, creemos fervientemente.

Pero no es el suyo un canto de sirena vacuo, traicionero o snob; es su discurso, además, de sincero, cierto, contundente y documentado, rozando la clarividencia que reclamaba Juan Ramón y, a modo de badajo, también la campana de Agustín, ésa que, reitero, ha de tocar “la canción de la hora”.

Es una arenga, en el sentido más dulce y apasionado de la palabra, pero es también un manual. En ‘Islas en la Red’, Daniel no se limita al llamamiento, sino que ofrece las experiencias, canales, herramientas, recursos y posibilidades que brindan Internet y las nuevas tecnologías para que cualquier creador y, en especial, el poeta se inicie y explore todo un universo aún prácticamente virgen de acciones, materializaciones e ideas, especialmente en el campo de la poesía, que es el que le ocupa y tanto le preocupa.

Puede que la poesía esté en crisis, pero estoy seguro de que, de estarlo, sólo lo está la que conocíamos hasta ahora, llamémosle utilizando la jerga ‘geek’, la de la vanguardia cultural y tecnológica, la poesía 1.0. Pero lo realmente importante es que no lo estén los poetas y que éstos sean capaces de reaccionar y emprender un proceso que, lejos de acabar con la lírica, amenaza seriamente con catapultarla a niveles de creación y difusión jamás sospechados.

Aporta Daniel en el libro un dato muy interesante: realizando una búsqueda en Google de la palabra ‘poesía’, se nos devuelve nada menos que 70 millones de resultados, lo que puede dar una buena idea del interés por ella incluso en Internet. Yo añado mi experiencia personal en recitales poéticos: cualquiera de los actos en los que he participado como ponente o espectador, fueran en amplios salones de actos o en locales desvencijados de asociaciones de vecinos, el lleno y la participación han sido siempre espectaculares.

Por tanto, ¿qué está realmente en crisis? ¿La poesía? ¿El poeta? ¿O una concepción decimonónica de la más creativa de todas las artes? ¿La propia asunción de un intimismo exacerbado? ¿La desconexión voluntaria de un mundo que no es que le dé la espalda, sino que simplemente no es capaz ni de ver ni de entender al poeta? Es algo sobre lo que hay que reflexionar urgentemente.

Una cosa es recrear la realidad, y vapulearla estética y conceptualmente si es el caso, y otra muy distinta divorciarse por completa de ella. Porque ambas se necesitan y complementan, beben la una de la otra. Sin embargo, la realidad siempre va a estar ahí, en permanente transformación. ¿Pero y la poesía?… también, pero sólo aquélla capaz de seguirle el ritmo a esa realidad o incluso, en el mejor de los casos, de marcarlo. Ése, y no otro, es el sentido de las vanguardias. Y el reto de todo poeta.

‘Islas en la Red’ se estructura en base a tres grandes bloques. El primero, compuesto de dos introducciones y el capítulo más extenso del libro, ‘Anotaciones (sobre poesía en el mundo digital)’, en el que se recogen la mayor parte de sus reflexiones y experiencias sobre las relaciones entre poesía e Internet. En este apartado esboza algunas de las consideraciones que luego tratará en mayor profundidad: la utilidad de la poesía como solución a la eterna desazón del poeta, las conexiones del lenguaje poético con los nuevos lenguajes surgidos en la Red, los blogs y su uso por parte de los ciberpoetas, violencia y compromiso, la artificial separación entre letras o humanidades y ciencias, nuevos conceptos poéticos que, de entrada, admito, pueden llegar a marear (cananas de Pancho Villa, ePoesía, poesía electrónica, holopoesía, etnopoesía, polipoesía, poesía posthumana o poesía robot (sí, haberla, hayla), la difusión poética a través de los nuevos canales (móviles, PDA, ordenadores…), el fin de las fronteras y los centralismos (redes distribuidas) y también del copyleft y los movimientos de redefinición del acceso a la cultura y los derechos de autor.

El segundo de los bloques está compuesto íntegramente por ‘Poesía en tiempos de redes’, la ponencia presentada por el autor al Tercer Congreso de Poesía Canaria. Un capítulo en el que Daniel profundiza y define los conceptos fundamentales del libro, desde su reflexión acerca de la globalización, sus efectos y la escasa presencia y referencia poética a todos estos acontecimientos (Internet, biotecnología, nanotecnología, profundos cambios en la economía, medio ambiente, el resurgir de la cuestión religiosa, los fenómenos migratorios, los nuevos modelos de periodismo…) hasta la interesante y atractiva conclusión final: en realidad, las nuevas tecnologías recuperan los orígenes de la poesía en cuanto a creación en estado puro, mancomunada, inmersa en su realidad y compartida por las sociedades y generaciones sin restricciones de ningún tipo. En medio de esos dos extremos, en principio irreconciliables (vanguardia y tradición), toda una batería de conceptos, argumentos, experiencias y experimentos que sostienen su tesis: el por qué de los temores, las desconfianzas, la Red como oportunidad, también la poesía canaria como nodo de toda esta aldea global, el desolado panorama de la poesía española en Internet, la ‘conversación’ como motor de la blogosfera y de casi todo lo que se cuece en la Red o las enseñanzas del rap y del mashup (creación construida a base de otras creaciones).

Por último, un bloque compuesto de cuatro deliciosas reflexiones sobre aspectos como los miedos que nos atenazan en este principio de milenio, la necesidad de mantenerse alerta, la ‘conversación’ como estrategia creativa y el ‘intrusismo’ como valor en territorios, como la poesía, a veces tan amurallados.

Diríamos que, aún siendo un ensayo, o un manual-ensayo como dijimos al principio, la estructura presenta el típico esquema narrativo de planteamiento-nudo-desenlace, con un planteamiento repleto de guiños y sugerencias, digamos la presentación de los condimentos que darán consistencia al guiso; un nudo central donde se presenta formalmente el mensaje; y unas pinceladas finales, a modo de postre-desenlace, para relajar la lectura y ayudarnos a digerir tanta nueva y bella propuesta.

Decía que había titulado la presentación ‘De repente, el futuro’, porque de eso es lo que nos habla Daniel, y eso es lo que, a buen seguro, sentirán todos aquellos lectores que aún no militen en ese nuevo gran partido de la Red. Pero, como la revista ‘el Jueves’, yo también tenía otras portadas, títulos en este caso. Se me había ocurrido, por ejemplo, parafrasear a Gabriel Celaya y arrancarme con un ‘La poesía es un arma 2.0‘, o a Pablo Neruda, reconvirtiendo su poema ‘El futuro es espacio‘ por ‘El futuro es ciberespacio’. Pero de haber tenido que cambiar, habría escogido, sin lugar a dudas, ‘Bienvenida la poesía de futuro‘, de Pavel Oyarzún, poeta comprometido con la lucha contra el exterminio indígena en la Patagonia y Tierra del Fuego.

Para terminar, sólo decir que poco antes de acudir a este acto he realizado en Google la búsqueda de la palabra ‘poesía‘ que proponía Daniel. Y mi sorpresa ha sido que tan sólo se me han devuelto 50 millones de resultados frente a los 70 millones que se le devolvieron a él. Quiere esto decir que, entre el momento en que él escribía ese texto y hoy, se han perdido nada menos que 20 millones de referencias poéticas en la Red (o, al menos, del buscador). Puede que esto no signifique que el interés por la poesía esté decreciendo a marchas aceleradas también en Internet. Pero, por si acaso, si yo fuera poeta, me pondría urgentemente las pilas.

Share