Lo cierto es que cada vez somos más los que tenemos claro que el mundo de la cultura ha dejado desde hace tiempo de girar en torno al copyright. Por mucho que los medios se empeñen en airear, sin el menor atisbo de contraste, las encíclicas de la industria, las sociedades de gestión y los gobiernos condescendientes, la realidad es que son el copyleft y resto de modelos de cultura libre los que se están convirtiendo en auténtica referencia, los que marcan las pautas de futuro y hacia los que convergen todos aquellos interesados por un modelo honesto de superviviencia.

Me ha llamado mucho la atención el proyecto Choruss, por dos razones: 1) porque trata de encontrar una respuesta al conflicto sin criminalizar al usuario; y 2) porque parte de la propia industria discográfica.

Éstos son los presupuestos:

  • Se trata de una experiencia piloto en universidades (si resultase, se propondría como regla general en Internet) .
  • Permite a los estudiantes descargarse, distribuir y transformar las obras por los medios ‘tradicionales’ EMule, Torrent, P2P, iTunes…).
  • El material no estaría protegido por DRM y se podría pasar a cualquier soporte.

A cambio:

  • Las universidades tendrías que elaborar estadísticas de descargas monitoreando sus redes (*)
  • Se establecería un pago por mes, siempre inferior a 5 euros, las las universidades cobrarían como mejor estimasen: por estudiante, incluido en la matrícula, como donación de la propia universidad…
  • El dinero iría a una ONG independiente que repartiría los beneficios entre los creadores afectados.

Muchos dirán que no se trata más que de otro intento desesperado por frenar el libre acceso a la cultura. Y puede ser cierto, pero lo que valoro de esta propuesta es que respeta algunos de los factores básicos que debe regir el nuevo modelo de distribución musical: no criminalización del usuario, no ‘demonización’ del P2P y retribución justa y directa al creador.

Sólo encuentro dos aspectos inquietantes:

  • La monitorización del tráfico de descargas no debe esconder una estrategia de violación de la privacidad del usuario, que podría ser usada posteriormente para su identificación.
  • La normalización de este modelo no debería conllevar la persecución de aquellos usuarios que no deseen adoptarlo.

En cualquier caso, una muestra más de la que la Tierra (los modelos de derechos de autor) se mueven, y en la dirección correcta, por mucho que otros se empeñen en llevarnos de regresa a la época feudal.

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