Marcelino y yo discrepamos en algunas cosas. Sin embargo, la coincidencia en otras muchas y un tono habitual de debate que podríamos encuadrar dentro del ‘fair play’ han hecho que entre ambos exista una relación de respeto mutuo. Herramientas para Blogs es un fijo en mi agregador, y desde hace semanas venía siguiendo con interés su serie de posts-denuncia sobre la pornografía infantil en Internet, redes sociales y, específicamente, en Windows Live. Algo nada baladí tomando en cuenta que su blog está alojado, precisamente, en el servicio de Microsoft.

Sin embargo, me extrañaba el hecho de que hace días no recibía actualización alguna en su feed. Hoy, al visitar Bitacoras.com, he entendido por qué: Microsoft le ha censurado el blog nada menos que por denunciar la existencia de redes pederastas en su seno.

La mayor pesadilla de alguien que sabe de algún delito es ir a denunciar y que, de repente, su iniciativa de buen ciudadano se le vuelva en contra. Bien porque resulta que la policía también está en la jugada o porque trasciende su identidad y se convierte en blanco de los delincuentes. Suele suceder en asuntos de mafias o de regímenes fascistas. Supongo que algo así es lo que está experimentando en estos momentos Marcelino.

Ya hemos comentado en alguna ocasión que las ‘normas de uso’ y ‘condiciones’ de los servicios de grandes compañías de la web no son, en la práctica, más que excusas para una censura de lo más reaccionaria: eliminar páginas con desnudos artísticos mientras, por ejemplo, se sostienen páginas directamente pornográficas o, como en el caso que nos ocupa, claramente dirigidas a captar menores para prácticas ilegales; eliminar la publicidad de un blog que se dedica a opinar e informar mientras, por ejemplo, se muestra publicidad de webs de contacto o de videncia allí donde les viene en gana.

Lo que le ha sucedido a Marcelino es una muestra más de todo este… ‘despropósito’, por ser benevolentes y no entrar en el ámbito de la conspiranoia. Lo que sí puedo afirmar sin duda es que la historia de la libertad está llena de pequeñas batallas como ésta y que, si los internautas nos mostramos condescendientes con este tipo de abusos y de actitudes reaccionarias, el futuro de Internet estará desde ahora hipotecado.

La excusa siempre es el robot, la automatización o una interpretación de la ‘moral’ bastante ‘sui géneris’, por no decir arbitraria. Pero lo único cierto es que el sistema no funciona. Y si realmente están por la labor y no se trata de una coartada para ejercer una especie de tecnofaudalismo en la Red, hay que cambiarlo de raíz.

Mi completa solidaridad con Marcelino y mi total repulsa a estas empresas y servicios que actúan como una nueva Inquisición, tecnoinquisición, en pleno siglo XXI.

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