y se hizo la luz:

El cambio fundamental está en que los diarios se sustentan en un sistema del siglo pasado: la economía de oferta; y la era digital trae una economía de demanda. Estamos en un momento en el que la intermediación, que es lo que caracteriza a la democracia representativa, está desapareciendo. Y los periodistas, que somos intermediarios entre lo que pasa y los que demandan información, estamos viendo cómo son los demás, los no periodistas, los que cuentan lo que les pasa sin ningún tipo de intermediario. Y como no sabemos qué hacer, le echamos la culpa al soporte, a ese viejo papel de periódico que servía para envolver plátanos en la frutería”.

Los optimistas dicen que siempre habrá periódicos. No lo tengo yo tan claro. Lo que sí habrá es periodistas, gente que nos interprete la realidad”.

Se sabe cómo ganar, y hay algunos que lo hacen, pero los márgenes son muy inferiores; y ése es el drama. Un site informativo de éxito en Internet tiene márgenes de explotación del 4%. Un periódico o una radio tiene un margen del 25% o del 30%. Es imposible competir, pagar bien la mano de obra intelectual, enviar corresponsales… Todos los modelos están montados respecto a un sistema del pasado. Vivimos un cambio de modelo, no una crisis. Y eso que estamos en la prehistoria de Internet. Supongo que cuando se inventó la imprenta pasó algo parecido. Dijeron que era algo demoníaco. Lo primero que se editaron fueron Biblias, pero enseguida se imprimieron sonetos eróticos y pornográficos”.

Muy, pero que muy interesantes los conceptos que vierte Juan Luis Cebrián en la entrevista concedida a Esquire. Interesantes porque, al fin, veo que al menos en algunas cúpulas del entorno corporativo comienzan a barajarse ideas que, bien gestionadas y resueltas, sí pueden salvar al sector del suicidio al que tan alegre e imprudentemente se ha entregado en los últimos años. Y eso, en el caso concreto de Cebrián, que llegó a manifestar que “la relación íntima que se establece entre el periódico y su lector no la pueden sustitur los gratuitos y además, Internet es mucho más peligroso para la prensa”, no es un hecho que debamos pasar por alto. Cebrián ha pasado de la negación a la constatación de la evidencia y la duda, ingredientes óptimos para la superación.

1. Los diarios se sustentan en un sistema del siglo pasado. Completamente de acuerdo. Pero no sólo en lo que a economía de oferta y demanda se refiere, es decir en su relación con el cliente; sino también en la propia política empresarial, la gestión interna, especialmente en la de medios y recursos humanos. Reitero las tres claves que expuse en mi participación en iCities como vías ineludibles para la reconversión: el periodismo sin periodistas, es imposible; sin buenos periodistas, una farsa; y sin lectores, una quimera.

2. la intermediación, que es lo que caracteriza a la democracia representativa, está desapareciendo. Curiosa la coincidencia con mi análisis de la mesa Política 2.0 de iCities 2009. También, por supuesto, aplicable al periodismo, como ha hecho Cebrián. Y a la cultura, el comercio, el turismo… Es uno de las grandes axiomas de Internet.

3. Lo que sí habrá es periodistas. Excelente apreciación también y creo que piedra angular de todo el debate. Los medios no son ya imprescindibles, referidos éstos a los entornos corporativos del periodismo tradicional. Los imprescindibles son y seguirán siendo los periodistas y los nuevos medios estarán donde se encuentren, surgirán y se desarrollarán en torno a ellos. Sea en un blog, sea en un periódico nativo online o en cualquier plataforma que aún no hayamos imaginado. La herramienta es lo de menos. Las empresas cometen un grave error deshaciéndose de los profesionales: son los únicos que pueden salvarlas. Tendrían que comenzar a dirigir sus miras hacia otros departamentos, mucho menos vitales, mucho menos imprescindibles en la era digital.

4. Se sabe cómo ganar, y hay algunos que lo hacen, pero los márgenes son muy inferiores; y ése es el drama. Inexacto. Los márgenes son aún muy inferiores, sería la formulación exacta. Y, apurando más aún, estos márgenes no dejan de estrecharse. Es decir, que los de Internet van en aumento y el resto, en caída libre. Pero ¿y qué me dicen de la inversión? ¿Existe realmente una apuesta económica en la Red que merezca una mayor beneficio del actual? ¿Se pretenden ganancias sin inversión? ¿En qué manual de economía se enseña eso?, porque realmente me parece un disparate. ¿No estará dando Internet más de lo que recibe? La inmensa mayoría de los medios tradicionales se han montado con unas perspectivas de rentabilidad a muy largo plazo, y con unas inversiones de vértigo. No en vano, una empresa periodística no baraja la rentabilidad económica como primer factor, que también, sino otros igual o más rentables como son el poder y la influencia. Y es ahí donde quizá no se tenga claro: que Internet les permita mantener esas áreas de rentabilidad. Estoy convencido de que el primer medio que apueste con todas sus consecuencias por la Red, con una suficiente y contrastada plantilla, con los medios necesarios, con la sensibilidad precisa y el mismo grado de inversión que en el ámbito analógico, se llevará el gato al agua. Nadie da el paso. ¿Por qué?

5. Es imposible competir, pagar bien la mano de obra intelectual, enviar corresponsales… No, no es imposible. Simplemente ni se ha intentado. No han existido redacciones digitales realmente competitivas, en igualdad de condiciones profesionales y materiales que la analógica. No se ha hecho. Internet siempre ha sido la hermanita pobre de los medios tradicionales, la burbuja extraña, hay que estar ahí pero sin alardes… Compita usted, dote usted, apueste usted, y luego ya me cuenta.

6. Vivimos un cambio de modelo, no una crisis. No, vivimos dos cambios de modelo y, por tanto, vivimos dos crisis. La crisis de la prensa, la del entorno empresarial; y la crisis misma del concepto de periodismo, la del modelo de comunicación. Por eso puede que en el futuro no existan periódicos, pero sí es seguro que existan periodistas.

7. cuando se inventó la imprenta pasó algo parecido. Pasó exactamente igual. Fueron otros los sectores desbordados, fueron otras las ideas caducas, fueron otras las herramientas y fueron otros los protagonistas. Pero la lección es exactamente la misma. El progreso no repara en modelos de mercado. Deberían ser éstos los que nunca debieran darle la espalda al progreso.

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