No sé si conoces el caso de Pánfilo (Juan Carlos González Marcos), un cubano de perfil más bien ebrio que saltó a la ‘fama’ cuando interrumpió la grabación de una entrevista para proclamar que en Cuba se pasa hambre y que los cubanos lo que realmente necesitan es jama (comida). Pánfilo se convirtió, de repente, en una especie de símbolo de la disidencia y en un enemigo más del régimen. Ahora Pánfilo ha sido detenido por una cosa denominada ‘peligrosidad pre delictiva’, que es como la guerra preventiva aplicada a los derechos civiles.

Entre ese primer vídeo y su detención hubo dos vídeos más: uno, en el que el hombre pedía disculpas e intentaba justificarse ante el acoso de la policía; y otro posterior, evidentemente provocado por la cadena de televisión que ha hecho bandera del caso, en el que Pánfilo, directamente, se desparrama:

En mi opinión, una víctima más en una batalla que no repara en daños colaterales. Y no sé si me repugna más la cerrazón y ridiculez del Gobierno cubano o la utilización de la imagen y la integridad moral y física de este hombre por parte de los medios de la disidencia. El hombre, dicen, está en prisión y la cosa va para dos años. Y todos parecen celebrar haber alcanzado su objetivo. Todos, menos él, claro.

Del mismo modo, me sorprende que la página de Facebook en la que se daban a conocer sus andanzas cuente con casi 2.000 miembros, mientras que el grupo que pide su liberación no llegue ni a los cuarenta.

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