Antonio Rabinad

Tuve el inmerecido honor de compartir colección editorial (pero el inesperado placer de entrar en sintonía) con este señor de las letras. Lo mío era un incierto debut; lo suyo, una obra maestra. Paradojas de la literatura de mercado. ‘Memento mori’ se convirtió en mi libro de cabecera durante años, por el contenido, por la forma y por las circunstancias que rodearon su gestación. Ahora la noticia me asalta entre Twitters y agregadores: Antonio Rabinad ha muerto. Y yo añado un icono a mi galería de talentos imprescindibles, infinitos, inmortales.

Del prólogo de la novela, por el propio autor:

Memento mori

Empecé a escribir ‘Memento mori’ en julio del 76, cuando, por circunstancias que no hacen al caso, me encontré sin empleo. Cuarenta y nueve años, casado, cuatro hijos. El sujeto que me había puesto en esa situación no era siquiera un gran canalla, sino a lo sumo un pequeño canalla. Sin embargo, él es la causa indirecta de este libro. “El Destino, si existe, es hábil”, es una de las frases obsesivas de Zoilo, que la encontró en Víctor Hugo: claro que existe y por supuesto es hábil. Todos somos peones en su Juego”.

Amén.

NOTA: Como algunos enlaces te llevarán directamente allí, aprovecho para anunciarte que he incorporado a Mangas Verdes los contenidos (información y descargas) de Proyecto Isla, ya que no veía justificada su presencia en solitario en la Red. Aquí funcionará como un ‘acerca de’ enorme 😉

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