astronauta

A finales de los cincuenta, el Gobierno de EEUU contemplaba el entrenamiento de mujeres como astronautas. Donald Kilgore, un doctor que evaluó las posibilidades de hombres y mujeres para vuelos espaciales en la clínica Lovelace, concluyó que ellas eran “mejores que los hombres en varias categorías: son más ligeras, requieren menos combustible para ser transportadas, son menos propensas a los ataques al corazón y son más resistentes a la sensación de claustrofobia en situaciones de aislamiento”. Entonces, ¿por qué no hubo ninguna mujer en el ‘Apolo XI‘?”


Ésta es la pregunta que se hacen en Presurfer tras la lectura del interesante artículo de Wired Science sobre el WISP (Woman in Space Program), el programa de mujeres astronautas que puso en marcha la Nasa a mediados del pasado siglo y cuyos estudios (PDF) determinaron la ventaja de las 13 féminas que aprobaron los tests en aspectos fundamentales de la navegación espacial. El programa fue suspendido en agosto de 1961, sin mayores explicaciones, aunque se especula con factores relacionados con la menstruación o la inexperiencia en el pilotaje de aviones experimentales, algo imposible para las mujeres de la época, ya que tenían el acceso prohibido a las fuerzas armadas.

Pero es más que posible que fuese sólo el machismo, en una época de lucha abierta por los derechos de la mujer, el que nos sustrajera la posibilidad de que la historia hubiese sido ligeramente diferente:

Este es un pequeño paso para la mujer, pero un gran paso para la humanidad”

La mujer no llegaría al espacio, en los programas de la Nasa, hasta 1995. 32 Antes ya lo había hecho la rusa Valentina Tereshkova (gracias, Wicho).

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