No sabemos a ciencia cierta qué le reclama este inspector a nuestro náufrago preferido, si haber silbado o tatareado alguna melodía (¿’Message in a bottle‘?), haberse descargado un mp3 (¿’Banana Republic‘?) o cualquier otro de las muchos atentados contra la moral y las buenas costumbres que se pueden cometer en una isla desierta. Lo cierto es que, para sorpresa de Joseba y mía, la influencia de la SGAE parece extenderse mucho más allá de lo que pensábamos. En esta como en otras muchas ocasiones, tampoco nos queda muy claro quién es la víctima y quién el ‘pirata’. Los de Somalia también van en barca…
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Eso de que soliciten derechos en forma de cheque a los municipios por representar obras centenarias o poner música en el baile es una vergüenza.
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