El lunes 1 de diciembre del año 2014 se acaba la música. No está claro si será por la mañana o por la tarde porque Luis Eduardo Aute no ha sido tan preciso. Pero de la fecha el artista y profeta no tiene duda: “En cinco años esto desaparece, no habrá ni canciones ni música”. Cinco años, ni cuatro ni seis. Cinco años y ni un día más, salvo que se cumpla el condicional que añade el mismo Aute: “Salvo que el Gobierno haga algo”. Pues no será por falta de acción gubernamental. ¿Algo? No. Todo lo que le pidan, que mandan más 200 artistas que millones de internautas”.

La música mató el juicio justo‘, Nacho Escolar

Este no es mi gobierno. Esto no es una democracia. Si este país tuviese lo que hay que tener, el sinvergüenza que ha permitido la aparición misteriosa de este “quinto punto”, que ha llevado a cabo este atropello a la democracia, tendría que estar dimitiendo mañana mismo. Esto es equiparable a un auténtico golpe de estado digital, es uno de los episodios más impresentables y alucinantes que hemos podido ver como nación supuestamente en democracia: las leyes no las tramitan los ministros ni el Parlamento, las tramitan los talibanes de los derechos de autor, y hacen con ellas lo que les da la gana sin encomendarse a dios ni al diablo. Se publican, y a correr: lo que opinen los ciudadanos, da exactamente igual”.

Involucionismo digital, la vergüenza de la democracia o el gobierno de Los Otros‘, Enrique Dans

Son sólo dos muestras, dos de gran calidad, pero la indignación de la comunidad internauta por el atentado que preparan González-Sinde y Cía es bestial. Síguela en #debatesinde.

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