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Imagina que eres creador. Imagina que la industria de la cultura, las SGAE de turno, los ministerios y demás guardia pretoriana de la creación te ignoran y marginan. Imagina que decides compartir libremente tus creaciones en la Red. Imagina, por ejemplo, que te marcas un corto con apenas 300 dólares y que lo subes a YouTube para que todo aquel que quiera pueda verlo, bajárselo, quedárselo y distribuirlo entre amigos y familiares. Imagina que logras casi 4 millones de visitas. Imagina que una productora se fija en el vídeo y decide hacerte una oferta de 30 millones de dólares por contar con tu talento y tus servicios.

“Demagogia”, dirían los del viejo régimen. “Internet, el P2P y la ‘piratería’ matan de hambre al creador, acaban con la creación y arruinan la industria”.

Así les sigue yendo.

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