¡Aquí está Gadafi!

“La no violencia ha de ser la única bandera de combate entre los ejércitos humanos.
Ella prevalecerá”

(Mahatma Gandhi)

Yo le vi el primero cuando ya estaba fuera de la tubería y a dos metros de mí. Me quedé conmocionado y paralizado. Pero toqué el Corán que llevo en el bolsillo, y eso me dio fuerzas para chillar: ‘¡Aquí está Gadafi!, ¡aquí está Gadafi!’ Le dije que soltara su arma tres veces, pero no lo hizo. Y él me dijo: ‘¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, ¿qué pasa?” (…)”

Cuando le vi gateando y mirando con la cabeza ladeada, pensé: ‘¿Cómo el rey de reyes podía estar ahí como una rata?’ Esa imagen me acompañará todas las noches de mi vida cuando me vaya a dormir. Recogí su bota y su gorra”. Y minutos después, en pleno tumulto, entre alaridos de alegría y proclamas de Alla uh Akbar (Dios es grande), el macabro espectáculo del linchamiento, las patadas y bofetadas contra el déspota indefenso y aturdido que ruega clemencia mientras es vapuleado. Muchos rebeldes grabaron la brutal agresión con sus teléfonos móviles (…)

No se sabe con precisión cuándo ni quién le descerrajó los balazos en la cabeza y en el abdomen a Gadafi, aunque al menos dos insurrectos se vanaglorian de haber asesinado al dictador. Lo cierto es que el viernes 21 de octubre, los cadáveres de Gadafi, de su hijo Mutasim, y de su ministro de Defensa, el general Abu Baker Yunes Yaber, eran expuestos en la cámara frigorífica del mercado central de Misrata”.

Juan Miguel Muñoz detalla hoy en ‘El País‘ un pormenorizado relato basado en el testimonio de cuatro rebeldes de la captura y ejecución de Muamar el Gadafi. Una historia de fanatismo, venganza y sangre que puede generar muchos sentimientos y sensaciones, pero no desde luego orgullo o satisfacción. Miedo me da pensar qué país puede surgir de la semilla de una barbarie como ésta. Y, si al crimen sólo puede sucederle el crimen, en algo fundamental estamos fallando.

Particularmente cada vez creo menos en las ‘revoluciones’ que hacen valer sus ideas a través del terror, la violencia, la intolerancia o el asesinato. Por mucho que se difundan por Twitter, se citen en Facebook o se graben en ‘smartphones’.

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