Censura en Internet

La presentación en sociedad hoy, 12 de marzo, Día Internacional contra la Cibercensura, del informe ‘Los enemigos de Internet‘ (PDF) que elabora cada año Reporteros sin Fronteras (RSF) ha estado marcada por la práctica unanimidad en los titulares de los medios de comunicación, reduciendo los resultados y el contenido del dossier a cinco países y, como novedad en esta edición, a cinco empresas también.

Coincidencia provocada por la propia RSF que, probablemente en un intento de obtener el mayor impacto mediático posible, ha enfocado dicha presentación precisamente en esos términos: ‘cinco estados enemigos‘ – ‘cinco empresas enemigas‘.

Sin embargo, el informe va mucho más allá, de tal modo que los cinco países (Siria, China, Irán, Baréin y Vietnam) y la cinco empresas (Gamma, Trovicor, Hacking Team, Amesys y Blue Coat) ‘inmortalizados’ hoy en la mayoría de las portadas e informativos audiovisuales no son más que los máximos representantes de una corriente reaccionaria que cobra cada vez más fuerza, no ya en países dictatoriales o del Tercer Mundo, sino lo que debe alarmarnos aun más, en buena parte de los países occidentales dotados de eso que llamamos democracia.

De hecho, el número de países incluidos en la lista que da pie al informe se eleva a 26 –12 ‘enemigos’ declarados y 14 bajo vigilancia– entre los que se encuentran , en el segundo de los grupos, dos democracias occidentales, Francia y Australia, y no por perseguir periodistas de forma directa precisamente, sino por anteponer la defensa del copyright a derechos como la libertad de expresión o la neutralidad de la Red a través de leyes de dudoso encaje democrático.

Es precisamente la protección de derechos y libertades frente a las iniciativas legislativas que, con la excusa de combatir presuntos delitos telemáticos, los ponen en cuestión uno de los caballos de batalla que más peso han ido ganando paulatinamente en los informes anuales de RSF sobre la Red, de tal modo que en la presente edición las advertencias comienzan a ser meridianas:

Las democracias parecen ceder a las voces que reclaman seguridad en Internet y vigilancia a toda costa, como lo demuestra la multiplicación de proyectos y propuestas del leyes potencialmente liberticidas que permitirían la instalación de una vigilancia generalizada. Ejemplo de ellos son la FISAA y CISPA, en Estados Unidos, la British Communication Data Bill, en Reino Unido, la Wetgeving Bestrijding Cybercrime, en los Países Bajos, y tantos textos que sacrifican la libertad de expresión en Internet, alegando luchar contra los delitos informáticos. El hecho de que países tradicionalmente defensores de los derechos humanos adopten este tipo de legislaciones da argumentos a los dirigentes de países represivos para dotarse de un arsenal legislativo con el que acallar a su disidencia. El modelo de Internet tal como fue concebido por sus fundadores, un espacio de intercambio y de libertades que trasciende las fronteras, está contantemente puesto en causa por la aceleración de la censura en Internet y el desarrollo de la vigilancia en la red”.

Es decir que, atendiendo a este criterio, la denuncia contenida en el informe sobrepasa con mucho, en realidad, la lista de 26 países que vimos anteriormente y se extiende a naciones tan ‘cercanas’ y ‘poco sospechosas’, además de Francia y Australia, como EEUU, Inglaterra, Países Bajos… y, en general, todos aquellos estados que, como España, continúan cediendo a las presiones de una industria obsoleta y anteponiendo sus intereses al interés general y a los derechos fundamentales.

Esto, sin contar con que la actividad de las cinco empresas retratadas este año se desarrolla precisamente en el seno de países democráticos, con lo que el panorama se presenta aún más estremecedor.

Por tanto, no se trata de quedarnos con el rótulo ‘cinco + cinco’, países y corporaciones, y pensar que nuestros estados y nuestras democracias pueden irse de rositas. Lo que el informe viene a confirmar es que los derechos y libertades, en general, y los de Internet, en particular, corren grave riesgo incluso en las democracias más consolidadas. Un toque de atención evidente a políticos y gobernantes, pero una clara voz de alarma también dirigida a la ciudadanía libre, que ha de estar muy atenta si no quiere sucumbir ante el apetito censor de los enemigos, de todos los enemigos, de la libertad y de Internet.

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