Twitter está de aniversario. El pasado 21 de marzo se cumplieron 7 años desde el que es considerado el primer tweet oficial, según la propia organización: un mensaje de Jack Dorsey en el que simplemente comunicaba que estaba configurando su cuenta:

A partir de ahí, toda una sucesión de acontecimientos y un crecimiento inusitado que han convertido esta sencilla herramienta en uno de los paradigmas de la comunicación, a todas las escalas –personal, profesional, periodístico, político, cultural…–, de este comienzo de siglo.

Negar su relevancia o utilidad sería tan torpe como el empeño por imponer su uso y patrones de utilización. Personalmente, no veo ámbitos generales o circunstancias individuales a las que Twitter no aporte utilidad pero, aunque sí es preciso dominar –o cuanto menos conocer en cierta profundidad– sus características y ‘trucos‘, estamos ante una herramienta que, por su propias características, está altamente relacionada con la experiencia singularizada y con una utilización creativa.

Twitter no (te) funciona hasta que no logras sintonizarlo con tus propios intereses y necesidades, con tu propia naturaleza comunicativa, hasta que no le ves sentido en tu propio ‘ecosistema’ personal (o corporativo). De hecho, creo que la mayoría de los usuarios hemos experimentado una evolución similar en el proceso de acercamiento:

  1. Apertura de cuenta
  2. ¿Pero esto qué es?
  3. No le veo sentido
  4. Abandono de cuenta
  5. Regreso
  6. Ah, vale, ¿y si…?
  7. Enganche

Mi cuenta personal en Twitter data del 3 de enero de 2007, pero no fue hasta el 22 de marzo de ese mismo año (ahora veo que fue justo un año después del tweet de Dorsey, así que yo también estoy de aniversario) cuando lancé mi primera actualización. Desde entonces ya son más de 18.000 (a un ritmo de unas 3.000/año, 250/mes, entre 8 y 9 al día).

La historia de Twitter como compañía ha sido una historia de improvisación continua a partir de un éxito que siquiera sus creadores esperaban. Improvisación marcada por la ausencia de un claro modelo de negocio y de desarrollo que, junto a una API abierta que ha permitido su adaptación y difusión por todo tipo de plataformas, por parte de desarrolladores terceros e incluso de usuarios, amén de sus propios valores como formato –sencillez, inmediatez, enlaces, hashtags…– , probablemente hayan constituido los factores clave de su tremendo impacto.

Ahora Twitter ha decidido tomar las riendas y comienza a dar pasos quizá necesarios para la rentabilidad y control del negocio, pero que ya han comenzado a levantar ampollas entre desarrolladores y usuarios. ¿Afectará este cambio de rumbo al éxito de la herramienta? Es algo que está por ver. Por ahora no hay alternativa potente, y eso juega en su favor. De la capacidad de sus responsables para lograr un equilibrio entre la búsqueda de rentabilidad y el respeto a las características que la han hecho ser lo que es dependerá su futuro a medio y largo plazo.

En cualquier caso, felicidades y gracias por estos 7 años de revolución en el ámbito de la comunicación social.

Share