Código de barras con gatos

Crees que en el ámbito del arte aplicado está todo dicho ya? ¿Te parece imposible aportar algún toque de diseño a los sosos y monótonos códigos de barras? ¿Te gustaría darle a tu producto un toque de ‘glamour’? En cualquiera de los tres casos deberías echarle un vistazo a esta galería del ilustrador freelance Steve Simpson, que ha hecho precisamente de estos pequeños conjuntos de líneas paralelas una de sus principales fuentes de inspiración.

Desde dragones a símbolos incas, pasando por tambores, vacas, gatos o cocodrilos, Simpson ha logrado crear todo un universo de códigos adaptados a la imagen de marca de sus clientes, entre los que se encuentran Inferno, BBQ, Sweet Chilli, Smorgasboard, Snappy Flossers, Chilly Moo, Voodoo Pets o Whitebeam.

Los códigos, ni que decir tiene, son plenamente funcionales, según la receta que generosamente comparte el propio creador:

  • Se pueden cambiar los colores, pero hace falta un buen contraste para la correcta lectura.
  • La cadena de números sólo está ahí para ayudar a un lector humano interpretar el código de barras, ¡cambia la maldita tipografía!
  • Debe quedar un espacio en cada extremo para que el escáner puede reconocer el principio y final del código.
  • Para facilitar la lectura, debe haber una buena línea horizontal ininterrumpida que abarque todo el código.

La patente del código de barras cumplió el pasado año sus primeros 60 años de existencia, aunque no fue hasta 1966 cuando se comenzó a usar comercialmente en EEUU (una década después en España) y, aunque ésta no es la única recreación singular del invento, sí que podemos considerarla, desde luego, una de las más ocurrentes.

Actualización (09 abr-17.44 h): combo bien dice @jaio_espia en el tweet que me manda, los códigos de barras de A Fortiori tampoco están nada mal. Aquí una muestra:

Código de barras con peine

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