Día Mundial de la Libertad de Prensa

Si nos acercamos a la nube de Internet, en teoría ese gran territorio global y libre para todos, ¿cuántos usuarios saben que uno de cada cuatro internautas no tiene acceso a un Internet libre, y que unos 60 países han establecido controles o censuras en la Red?

(…)

Hay grandes empresas de telecomunicación que, de acuerdo con los Gobiernos de determinados países, se han convertido en los nuevos policías de la Red. Y a petición de estos establecen filtros locales o “censuras geolocalizadas” y redireccionan páginas web para evitar informaciones “ofensivas”.

(…) en los países democráticos aumentan las leyes que al socaire de la lucha antiterrorista en Internet, la pedofilia o la piratería, permiten una amplia vigilancia sin mandato judicial y corren el riesgo de convertirse en leyes represivas para la información”.

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa que celebramos hoy recomiendo vivamente este artículo de la periodista Malén Aznárez, presidenta de Reporteros sin Fronteras (RSF) en España y antigua defensora del lector en ‘El País’, porque muestra una completa visión de algunas de las mayores amenazas, a escala global, no ya contra el periodismo, sino en general las libertades de prensa, información y expresión.

Desde la brutal evidencia de los asesinatos y encarcelamientos, especialmente en países autoritarios, de periodistas y bloggers hasta la sutil y silente represión en países denominados ‘democráticos’, pasando por la crisis que afecta al sector profesional, los miles de despidos, las técnicas de intervención y control en la Red o la humillación y sometimiento que suponen la aceptación de actitudes, esperpénticas y profundamente despectivas, como las ‘comparecencias plasma‘ de Mariano Rajoy, el panorama se dibuja lo suficientemente grave como para que aquellos que amamos el periodismo, o la comunicación e información en general sin apellidos concretos, nos movilicemos en defensa de esos valores básicos.

300 periodistas y bloggers encarcelados en todo el mundo, 90 periodistas y 48 internautas asesinados en 2012, “docenas de exiliados, secuestrados, heridos o torturados, y medios de comunicación atacados con bombas u obligados a cerrar por Gobiernos abusivos” dan una buena medida de la situación en la que nos encontramos.

Más allá de esa pésima imagen que dicen los sondeos tiene la sociedad del periodista –aunque no se concreta de a qué tipo de ‘periodista’ se refiere– y de las diferencias en torno al presente y futuro de la profesión, e incluso a si el futuro pasa o no por una profesión, las libertades que hoy se reivindican nos afectan a todos, porque todos informamos y comunicamos en mayor o menor medida. Es una característica inherente a nuestra condición de seres humanos, catapultada en nuestra era de forma exponencial por la irrupción de las nuevas tecnologías.

Eso y no otra cosa nos jugamos: el derecho a informar, el derecho a comunicar. No sólo de aquellos que ponen su voz al servicio de esta o aquella empresa. Sino de todos y cada uno de los hombres y mujeres de este planeta. De todos y cada uno de nosotros.

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