Gratis

El ‘todo gratis’ o ‘gratis total’ –combatirlo, quiero decir– es uno de los principales caballos de batalla de la industria periodística, especialmente del sector editorial –de la prensa–, pues a esta tendencia, supuestamente consustancial a Internet, se le achacan no pocos de los males relacionados con la grave crisis por la que atraviesa el sector. En realidad, son varias las crisis que confluyen en eso que denominamos ‘crisis del periodismo‘, pero en lo que respecta al ‘gratis total’, evidentemente se hace referencia a la pervivencia del modelo de negocio tradicional: la gente no paga – la empresa se arruina.

Sin embargo, cualquiera de los que hayamos trabajado alguna vez en un periódico de papel sabemos que las ventas y suscripciones nunca fueron soporte fundamental de su economía, sino un complemento de su eje principal: la publicidad y servicios relacionados. De tal forma que la merma en el primer bloque puede explicar un debilitamiento del modelo, pero nunca su desplome, que es lo que ocurre en la actualidad. La explicación de este hundimiento está reservada a las pérdidas en publicidad, y en eso hay unánime coincidencia entre los analistas.

Ingresos por publicidad en la prensa de EEUU

He seguido con especial atención la serie de artículos de David Campbell en los que desglosa los resultados del proyecto World Press Photo de Investigación Multimedia, concretado en el informe Narración Visual en la Era del Periodismo Posindustrial (PDF), con especial atención al sector gráfico, pero extendido a todo el ámbito de la comunicación.

Y hoy me he encontrado con este capítulo, ‘Newspapers, advertising and the Internet: How journalism has always been subsidised‘ (‘Periódicos, publicidad e Internet: cómo el periodismo ha estado siempre subvencionado’) en el que se aportan claves relevantes sobre las cuestiones que planteo al principio del post.

Ingresos de los periódicos en los últimos años

No tienen desperdicio:

– El periodismo (información, reportajes, cobertura gráfica) nunca ha sido un producto viable y autónomo. Nunca ha pagado por sí mismo directamente y sus usuarios nunca han pagado directamente por todo. El periodismo siempre ha sido subvencionado por fuentes indirectas, principalmente de publicidad;

– La cultura del ‘gratis total’ es en origen un producto, no de Internet, sino de los medios de comunicación –desde la radio y la televisión ‘en abierto’ (ambas financiadas indirectamente por la publicidad) hasta los periódicos y sus pequeñas cuotas de suscripción, que no suponen más de una quinta parte de sus ingresos, todo lo cual permitió a muchas generaciones de usuarios el acceso a la información sin cargo al momento de consumirla–;

– No habrá un único modelo de negocio, homogéneo, para el desarrollo de un buen periodismo en el futuro, pero se seguirá dependiendo de las fuentes de financiación indirecta;

– Las experiencias periodísticas de éxito (de las cuales hay muchos buenos ejemplos) [también en nuestro país, añado] se están volviendo sostenibles no por descubrir inéditas, secretas ollas de oro, sino por la diversificación de sus ingresos, estableciendo nuevas conexiones entre la publicidad, el pago de contenidos, la venta de datos y tecnología, los eventos, el freelancing, la consulturía, etc.;

– Los reporteros gráficos y narradores visuales no deben depositar sus esperanzas en ‘muros de pago’ para sitios consolidados de noticias como la mejor solución porque, incluso aunque se trabaje sobre algunos aspectos, éstos no van a traer de vuelta aquella época dorada de encargos editoriales, al igual que las suscripciones de usuarios puede que nunca reemplacen los ingresos perdidos por publicidad”.

Siempre he cuestionado el concepto de ‘gratis total’, porque me parece una expresión mezquina y falaz que sólo busca desacreditar la realidad del consumo en nuestra era: nada es, nunca, gratis del todo… y menos en el ámbito de la comunicación: ni antes (receptores de radio y televisión, factura de la luz, el café que te tomabas en el bar para hojear la prensa…) ni ahora (smartphones, tablets, ordenadores, conexión a la Red…). Todo tiene un costo. Nada es ‘todo gratis’ ni ‘gratis total’.

Pero, desde luego, si existiera, tal y como expone Campbell, se trata de un hábito inaugurado muchas décadas atrás, precisamente en el seno de los modelos de negocio de los medios de comunicación tradicionales.

Resulta revelador que uno de los datos más apreciados y divulgados por las propias empresas periodísticas sean los de audiencias, incluso por encima de los de ventas o difusión –según como les vaya en cada uno–, por el simple hecho de que son los primeros y no los segundos, por lo general, los que manejan las empresas de publicidad a la hora de diseñar sus planes de medios. Y eso a pesar de que en estos datos de audiencias –el EGM, por ejemplo– se dan por buenas las lecturas no directamente retribuidas, es decir la lectura de periódicos no pagados por el lector (“en bares, se comparte con amigos, en el trabajo, universidad…”).

¿Te suena de algo? Claro, lo mismo que compartir archivos o leer libremente las noticias en la Red. Sólo que en ese caso –el del EGM–, al parecer, sí que se acepta –y hasta se aplaude– eso que llaman ‘gratis total’. Ese hijo de los ‘mass media‘ tan querido, cuando interesa, y tan repudiado a la vez.

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