maruja torres

Se estrena Maruja Torres en la blogosfera (lo hizo el pasado mes de mayo), y lo hace acompañando su debut de un artículo en ‘El País’ en el que justifica su nueva adscripción bloguera, como si para abrir un nuevo canal de comunicación hubiera algo que justificar.

El texto es amplio y en él se glosan las virtudes y las miserias de la relación entre quien escribe y quien le lee, en cualquier plataforma, papel u ordenador, analógica o digital. Lo hermoso y lo execrable, la necesidad de comunicar y sentirse comunicado frente a la búsqueda del lector a toda costa, aun renunciado a tus principios.

No me parece mal, aunque alguien debería informarle de que se introduce en un territorio multidireccional, multiautor, en el que el editor del blog no es más que una voz que busca unirse a otras muchas, no a lectores a la antigua usanza, sino a creadores de contenidos activos que son, con su participación activa en comunidad, los que conforman la auténtica autoría del blog. Los que le dan vida y sentido. También difusión. Es decir que no hablamos de ‘seguidores’, sino quizá de ‘colaboradores’ o ‘coautores’, por buscar algún término que se pueda entender más allá del entorno tecnológico en el que nos encontramos.

Ya he visto los saludos de gente como Nacho de la Fuente o Antonio Cambronero, y sus reproches o consejos. Desde aquí le damos también la más calurosa bienvenida, especialmente a alguien cuya opinión sobre los blogs, en su momento, mereció formar parte de mi selección del Top 14 disparates sobre blogs, gracias a este pasaje de un artículo publicado en ‘El País’ en enero de 2007:

A veces, yendo por Internet de un blog a otro para hacerme con una dosis de malalecheína, tengo la impresión de que, parafraseando en mal rollo a Gil de Biedma, bien podemos decretar que navegamos entre las ruinas de determinadas inteligencias”.

Es como una rendición incondicional. Una victoria bloguera en toda regla. Un ejercicio de reconsideración y sentido común digno de aplauso, siempre que suponga un gesto sincero y no, simplemente, un ejercicio de márketing editorial, encaramarse a ese tren tan moderno y popular de la comunicación 2.0 sin creérsela lo más mínimo.

Por eso, me veo en la necesidad de contradecir una de sus afirmaciones de última hora:

Los blogueros son ahora un cuerpo social de peso, sin complejos, que tiene mucho que decirnos o que, simplemente, quiere decir lo que le apetece porque le da la gana”.

No, Maruja, Los blogueros tenemos el mismo cuerpo social, los mismos complejos, la misma cantidad de cosas que decir y la misma aspiración de decir lo que nos apetece que hace tres años, y cinco, y diez… Los blogueros, en esos aspectos, no hemos cambiado sustancialmente. Somos simples ciudadanos, cada uno con su cada cual, que nos expresamos y comunicamos libremente haciendo uso de las herramientas que las nuevas tecnologías ponen a nuestra disposición: unos más sesudos, otros más triviales; unos más literarios, otros muy deslenguados; unos rigurosos, otros a su bola; unos espontáneos, otros reflexivos…

Porque eso es lo que caracteriza a la blogosfera: la comunicación en estado puro, más allá del estilo, la intención o el ‘modus operandi’ de cada protagonista.

No es la blogosfera la que ha cambiado. Ni el panorama contra el que arremetiste en 2007 es sensiblemente diferente del actual. Los blogs han sido siempre lo mismo, porque no han sido siempre más que diferencia. Eres tú la que ha cambiado, la que ha dejado la trinchera uniforme del opinador tradicional (y profesional) para entregarse a la revolución formal y conceptual que marca el rumbo de la comunicación de este nuevo siglo.

Simplemente has abierto un blog. Ya eres una más en la blogosfera. Y para eso, amiga, créeme, no hacían falta justificaciones. Quizás bastaba con un ‘touché‘.