Centro Cultural Olavide

Ayer, martes, tuve el placer de participar junto a César Calderón en la mesa redonda ‘La prensa ante el Open Goverment‘ en el curso ‘Medios regionales: más periodismo, más formatos, nuevas maneras‘, coordinado por Paco Torres, editor jefe web de ‘El Correo de Andalucía‘, y enmarcado dentro de los cursos de verano que organiza desde hace ya ocho años la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla en el municipio de Carmona.

Una mesa muy interesante acerca de un tema prácticamente ignoto y poco desarrollado en el debate sobre el nuevo periodismo y en la cual pusimos sobre la mesa algunos de los aspecos teóricos y prácticos de este factor político de la Web 2.0.

César puso en escena una instructiva presentación acerca de lo que es el Gobierno Abierto, sus bases, sus objetivos y las repercusiones prácticas en su relación con el periodismo.

A mí me toco desarrollar aspectos concretos de esa relación, así como presentar y hacer un pequeño balance del Plan de Comunicación 2.0 que llevamos desarrollando en Presidencia del Gobierno de Canarias desde finales del pasado mes de abril.

En lo que se refiere al papel de periodismo frente a los movimientos que se están produciendo en las instituciones en torno al Open Government, y a la esfera política en general, comencé advirtiendo que, lejos de suponer una tabla de salvación o un recurso para la crisis que vive el periodismo tradicional, el Gobierno Abierto se suma al elenco de factores que la agravan. Desde el momento en que el gobernante o el político se relaciona de forma directa con la ciudadanía, el papel de los medios tradicionales en este ámbito queda también en evidencia.

Naturalmente, hablamos del periodismo limitado a declaraciones, ruedas de prensa y, en casos extremos aunque no poco comunes, del periodismo de manipulación, tergiversación o ‘malos entendidos’. En esta tesitura, no dudo en comparar ese periodismo ‘de rutina’ o ‘de intereses’ con lo que supone la industria para la cultura: una intermediación perfectamente prescindible en esta nueva era de la comunicación.

Pero no sólo es la relación directa del político con la ciudadanía, sino de ésta con aquél, en ese esquema multidireccional en red que caracteriza a la Web 2.0. Y cuando eso ocurre, no sólo la información, sino también el debate se trasladan de los medios a la vieja usanza a Internet.

Con esos mimbres, alguien podría pensar (y me consta que más de uno lo piensa) que esto del Open Government es otro monstruo alado que viene a echar más tierra aún sobre la fosa del periodismo. Y debemos recalcar que sólo sobre la del periodismo inmovilista, acomodado. Porque para el periodista vocacional y preocupado por impulsar su profesión a los requirimientos de este tercer milenio, el Gobierno Abierto es una nueva, una gran oportunidad.

Los caminos no están establecidos ni hay recetas mágicas. Como todo lo que está ocurriendo en esta revolución digital, incluido el Open Government, el sendero está aún por recorrer, por hacer, pero me parece claro que el papel de la prensa ante el Open Government no puede ser otro que el del Open Journalism y, por supuesto, el del Good Journalism.

Ideas se me vienen muchas a la cabeza: el Gobierno Abierto permitirá a los periodistas concentrarse en asuntos realmente útiles como la investigación, el análisis, la jerarquización de la conversación, las nuevas vías de la comunicación política…; las fuentes y las declaraciones estarán a un solo click y se podrán trasladar a calquier herramienta web o aplicación al instante; el periodista podrá participar en la conversación, formular sus preguntas y exponer sus hipótesis; puede extender esa conversacion, adaptarla, enriquecerla, reformularla en clave periodística…

En mi opinión, ha de ser un periodismo que se rija precisamente por las mismas bases que el Open Government y de todo lo que huele a Web 2.0: transparente, conversador y participativo… pero también vocacional, riguroso y cualificado.

En el caso práctico de nuestra acción 2.0 en el Gobierno de Canarias, la valoración es francamente positiva, especialmente si tomamos en consideración que se trata de un proyectoCentro Cultural Olavide en fase beta o experimental que aún tiene que recorrer un largo trecho. En el ámbito concreto de la interacción con la prensa, hemos detectado algunos elementos de interés:

– Por el momento, los medios, en general, no siguen por defecto nuestros canales. Si publicamos algo de interés en Twitter o Facebook, en muchas ocasiones nos vemos obligados a llamarlos después para invitarlos a que echen un vistazo. No hay conciencia o hábito aún de que ahí hay una fuente de información. Aunque esto parece que comienza a cambiar.

– Los medios no participan en la conversación. ¿Cuánto se puede tardar en que un político o un responsable de departamento conceda una entrevista? ¿Y si lo tienes permanentemente en la Red, a golpe de ratón? ¿Cómo es que no se aprovecha esa vía?

– Una pequeña parte de los medios recelan. En algunos casos por lo que comentábamos al principio, ese miedo a que se acabe con la profesión, y en otros por desconocimiento de las herramientas, de las formas, del lenguaje y de la propia esencia de la Web 2.0, lo que en ocasiones se traduce en críticas deslavazadas hacia determinados aspectos circunstanciales del plan.

También hemos observado aspectos positivos. El fundamental: los medios, en general, están siempre dispuestos a difundir lo que se publica en las redes sociales de corte político, siempre y cuando suponga un valor añadido a la información habitual.

Elementos todos ellos que ponemos sobre la mesa en este otro nuevo y apasionante debate, el de la prensa ante el Open Government, de la larga rista ya de debates en la Web 2.0.

En la imagen, fachada del Centro Cultural Olavide en Carmona