Como ya habrán notado, no he dispuesto de tiempo en las últimas semanas para dedicarle al blog, pero no quiero ‘escaquearme’ de mi participación en el Blog Action Day, que este año está dedicado al grave problema del agua en el planeta, un problema global de enorme importancia, pero dramático ya en África y otro países del tercer mundo. Así que buscando material para el post me he encontrado con esta impresionante historia y he decidido quedarme con ella: la historia de Ryan Hreljac, el niño que a sus 6 años de edad decidió combatir la sed de los niños africanos.

El vídeo tiene ya dos años, pero lo he escogido por su doblaje al español. Hoy, en 2010, Ryan tiene ya 19 años y su ejemplo en estos últimos 12 años se me antoja perfecto para ilustrar que no hay nadie prescindible, que el potencial de cada uno de nosotros es incalculable para cambiar el estado de las cosas. Si un niño pudo hacerlo, ¿por qué cualquiera de nosotros no?

Éste es un extracto de la historia de Ryan (Canadá, 3 de mayo de1991), tal cual la leí en unpuntoenelinfinito.com:

Un día del inolvidable invierno de 1998, en Kemptville (Ontario), localidad natal de Ryan, la profesora del Colegio St. Michael, Mrs Nancy Prest estaba dando una pequeña charla a su clase de primer grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su misma edad que vivían en Africa. Preguntó a sus alumnos si sabían cuál era la primera causa de muerte entre los africanos. Todos los niños, convencidos de que era la escasez de alimentos, se sorprendieron al saber que es la mala calidad del agua que beben lo que diezma las aulas de sus ‘antípodas‘.

Ryan quedó muy extrañado por la falta de ‘agua limpia’ y preguntó a Nancy cuánto costaba un grifo en África. Mrs Prest, desconcertada, anticipó a Ryan una cifra que había leído en algún documento: 70 dólares por una bomba extractora.

Ese mismo día al llegar a casa, Ryan, que todavía estaba aprendiendo a conocer el valor monetario de las cosas; pidió a su madre el dinero para comprar un grifo y enviarlo por correo. Susan, la primera persona que padeció el ‘ripple effect’, ignoró entre la burla y el desconcierto las inquietudes de su hijo. Pero Ryan insistió durante toda la semana sobre el dinero e incluso le propuso hacer las tareas domésticas durante todo un año para ganarse la posibilidad de decidir que hacer con un primer sueldo. “No lo entiendes mamá”, dijo, con lágrimas en sus ojos. “¡Los niños están muriendo simplemente por no tener agua limpia!”

Su madre, aceptó el reto, a sabiendas de la escasez de constancia en un niño de su edad. Ryan aspiró, limpió las ventanas y con mucha determinación, trabajó pacientemente y ahorró cada moneda dentro de una lata vieja de galletas. Su madre, cómplice del juego que no del propósito, le anticipaba las monedas ganadas en tarea. Sus dos hermanos se implicaron en el proyecto pero pronto claudicaron ante tanta bendita tozudez. Ryan hizo todas las tareas que le permitía su corta estatura desde enero de 1998 hasta finales de abril. Susan acompañó entonces a su hijo a la oficina de la Watercan para entregar sus ahorros. La directora ejecutiva Nicole Bosley explicó al encorbatado niño que con 70 dólares solamente se puede adquirir una bomba de mano. Para perforar un pozo se necesitarían unos 2.000. A lo que Ryan contestó: Tendré que hacer más quehaceres entonces…

Nicole Bosley, nuestra segunda cautiva del ‘ripple effect’, convenció a sus superiores y a la Agencia de Desarrollo Internacional de Canadá para pagar la factura del pozo a medias con Ryan. Lo que dejaba la cifra en 700 dolares de ‘trabajos forzados’ en el hogar de los Hreljac. Una familia de clase media-baja con recursos económicos limitados. Inmediatamente la onda del ‘ripple effect’ se propagó por la comunidad y vecindad de Ryan quien no tardó en recolectar el dinero suficiente para la inversión de su primer pozo.

La Watercan concedió entonces una entrevista a Ryan con Gizaw Shibru, el director para Uganda de todos sus programas de acción. Ambos eligieron la escuela de Angolo en Otwal como el destino del pozo, una localidad al norte del pais azotada por el SIDA y la sequía donde 1 de cada 5 niños moría antes de cumplir la edad de Ryan.

Pero la ambición de Ryan no quedó a expensas de las voluntades adultas. Cuando se enteró que los pozos se perforaban a mano transformó su renovada obsesión en una nueva onda cautivadora en busca de los 25.000 dólares que costaba un taladro móvil (…)

Inauguraba entonces el primero de los 432 pozos que a través de 15 países (fundamentalmente en África) ha perforado con las inversiones de su fundación“.