Pablo Milanés 'reloaded'

La última vez que fui a un concierto de Pablo Milanés no pude tararear ni una sola de sus canciones. En medio de la Tribuna antimperialista, varios amigos desplegamos una tela con el nombre de Gorki para exigir la excarcelación –en agosto de 2008– de ese músico de punk rock procesado por “peligrosidad pre delictiva”. La sábana pintada duró breves segundos en el aire antes de que una turba bien entrenada nos cayera encima. Al otro día, me dolía todo el cuerpo y sentía una molestia especial hacia el autor de Yolanda, pues lo imaginaba testigo pasivo de lo ocurrido. Sin embargo, me equivocaba. Después, supe que gracias a su mediación no habíamos dormido aquella noche en un calabozo y que también había intercedido para que Gorki volviera a las calles”.

El próximo 27 de agosto, Pablo Milanés tiene programado un concierto en la ciudad de Miami. Evento que ha avivado la irritación entre quienes lo consideran un “juglar del castrismo”. Pero ni los más encendidos críticos deben olvidar que su propia vida ha sido –como la de tantos cubanos– una secuencia de golpes propinados por la intolerancia: la reclusión en la UMAP, las incomprensiones en los inicios de la Nueva Trova y el cierre de la fundación que llevaba su nombre. Deben reconocer también que Pablo Milanés tuvo la valentía de negarse a firmar aquella carta donde innumerables intelectuales y artistas apoyaron las medidas represivas tomadas por el gobierno de la Isla en 2003, entre ellas el fusilamiento de tres jóvenes que habían secuestrado una embarcación para emigrar”.

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Estoy entre los que lo consideraban un “juglar del castrismo”, pero no me siento irritado por lo que acabo de leer, más bien todo lo contrario. Ahora ya no me parecen tan tardías, incoherentes y oportunistas sus últimas declaraciones.