5 claves para entender la 'crisis' de Google+

El tráfico de Google+ ha caído un 60% desde que se abrió al gran público, sin precisar invitación, el pasado 20 de septiembre. Es el dato aportado por un estudio de Chitika, empresa especializada en el análisis web, que también revela que, paradójicamente, en los primeros días de esa apertura se vivió una apoteosis de registros y participación que llegó a generar picos de tráfico de hasta el 1.200%.

Incluso para el menos puesto en cuestiones estadísticas, la conclusión parece más bien clara: la experiencia de usuario no ha estado a la altura de las enormes expectativas generadas. Yo mismo he notado en mi ‘muro’ una reducción significativa de publicaciones e interacción. Y resulta de todo contradictorio y chocante que un servicio web pierda usuarios en cuanto se hace público, cuando el sentido común dicta todo lo contrario. Pero, ¿qué es lo que falla? ¿Qué es lo que los usuarios andaban buscando y no han encontrado en este enésimo intento de Google por pillar cuota en la Web 2.0?

La respuesta, evidentemente, no es sencilla ni única, y estoy convencido de que los desarrolladores andarán devanándose los sesos para encontrarla(s). Pero, desde mi punto de vista como usuario, hay cinco aspectos que me parecen claves, dos de ellos ya mencionados a los pocos días de mi acceso a la red:

1. Efecto ‘resaca’ -> Es algo ‘natural’ en prácticamente todo proyecto que da sus primeros pasos, especialmente en casos, como el que nos ocupa, rodeados de una gran expectación. Gran afluencia de usuarios para probar la herramienta y mayor o menor ‘deserción’ proporcional al grado de satisfacción de la experiencia. Es algo con lo que deben contar los desarrolladores, y algo que deben intentar paliar al máximo, estableciendo mecanismos y estrategias de fidelización. Google tiene una amplia experiencia en este campo, pero parece que, al menos en esta ocasión, no ha sido suficiente.

2. Valor añadido -> Google+ no ofrece nada que no puedas encontrar en las mejores plataformas con las que compite (juegos, enlaces, comentarios…), pensemos en Facebook, salvo elementos aislados que pueden gustar más o menos, pero que no resultan definitivos a la hora de decidirte por un servicio frente a otro (círculos, posibilidad de edición de las publicaciones y comentarios, perfiles mejorados…). Sobre todo, si la competencia demuestra la habilidad suficiente no sólo para adoptar sobre la marcha esos elementos añadidos o modificar aquellos en los que se encuentra en desventaja, sino incluso para ir más allá.

3. Anonimato -> Este punto y el siguiente son sobre los que había reflexionado semanas antes incluso de la ‘liberación’ del servicio. Decía entonces, y me reafirmo ahora, que una restricción global, así sin matices ni personalización, en este sentido (la imposibilidad de abrir cuentas con seudónimos) era no sólo un ataque contra la libertad de expresión, sino un error ‘comercial’ en toda regla. Por aquel entonces alguien me espetó el torpe y clásico: “Se trata de un servicio privado y tiene derecho a imponer sus normas, al que no le guste que se vaya a otro lado”. Bien, pues justo es lo que parece que está haciendo el personal. La Web 2.0 es otra cosa.

4. Cuentas corporativas -> Para mí, junto con el anterior, el auténtico gran ‘pecado’ de Google. Ya lo era hace un mes, pero ahora me resulta escandaloso: la red no permite aún la participación de empresas, instituciones, organizaciones, marcas, productos… todo lo que no sean cuentas personales. Una auténtica desfachatez, pretendidamente justificada por el próximo (eterno ‘próximo’ ya) lanzamiento de las páginas corporativas, como si alguien estuviese obligado a esperar por algo en la Red. No hay más que ver la riqueza de movimientos y las interacciones que provocan en Facebook o en Twitter las cuentas de carácter corporativo para hacerse una idea de lo mucho que se está perdiendo Google+: mucho en contenidos, mucho en tráfico, mucho en fidelización… y lo más grave, mucho en usuarios. Una cosa es ‘invitar’ a las corporaciones a emigrar de ‘cuenta’ a ‘página’ una vez disponibles éstas (véase Facebook, otra vez), y otras negarles la participación en ausencia de éstas. De traca.

5. Escasa integración -> Otro error garrafal. Hablamos de una red social. Hablamos de la Web 2.0. ¿Cómo es posible entonces que el servicio no se lanzase de serie con vocación de integración con el resto de las herramientas ‘sociales’? ¿Por qué tardó tanto en liberarse una API, además ‘limitada‘? ¿Y cómo es posible que aún, a estas alturas, Google+ no aparezca integrada en la mayor parte de las plataformas ‘horizontales’ más populares para smartphones y web? Así es que, directamente, es imposible.

Probalemente ninguno de estos factores pueda explicar por sí mismo esta debacle, espero que coyuntural porque es un proyecto que ciertamente me gusta, pero la combinación de todos ellos, cada uno con su distinto peso específico, más otros elementos que considero menores (imposibilidad de editar el contenido de los enlaces, por ejemplo), resulta sencillamente letal. Y, a mi modo de ver, determinante para entender ese impresionante descenso en usuarios activos y tráfico de un proyecto que estaba llamado a liderar, o coliderar al menos, el futuro a corto y medio plazo del social media y la web social.

Ejercicio mental: quítale a Facebook las cuentas no personales (corporativas y anónimas o perfiles falsos) y calcula cuánto quedaría.